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5 Mayo, 2014

Clotilde Challapa, Textilera tradicional Aymara: Tejer es la tradicion de mi pueblo

Sus raíces son cien por ciento aymara. Sus padres y abuelos no reconocen mezclas, y ella siguirá la tradición. El tejido -en todas sus etapas- es su único y más grande saber, y durante 10 días compartió generosamente sus técnicas ancestrales con grandes y chicos en el espacio educativo de Artesanías de Chile en el Centro Cultural Palacio La Moneda, dejando en todos una huella cargada de sabidurí­a y patrimonio.

¿Qué significado tiene para usted para la artesani­a que realiza?
Bueno, mi oficio para mi tiene mucho significado, tanto sentimental como cultural y económico también. Yo aprendí­ este oficio a los 5 años. Desde esa edad yo sé tejer, hilar y todo lo que se debe hacer para realizar este oficio. Mi mamá me enseñé; primero aprendieron mis hermanas, y al final yo. Y yo hice lo mismo con mis hijos, todos saben tejer, porque este es un oficio de familia, de mi cultura que se traspasa a todas las generaciones.
¿El traspaso del oficio es importante para usted?
Es muy necesario para no perder el sentido de nuestra cultura. Además que esto nos permite vivir y no perder la naturaleza que nosotros tenemos como aymaras. Nosotros vivimos de esto, es nuestra fuente de trabajo. Nosotros tenemos llamas, alpacas, ovejas y las cuidamos y alimentamos de pequeñtas; nosotros trasquilamos, hilamos, tejemos y teñimos, entonces también es nuestra herramienta de trabajo.
¿Cómo ha sido la experiencia de dictar talleres acá en Santiago?
La verdad es que muy bonito. Ha sido una experiencia única y no me la imaginó así­. Yo nunca pensé que era si­. Yo tení­a miedo porque yo nunca habí­a estado en Santiago, y tan lejos de mi casa, entonces yo tenía miedo porque no sabí­a dónde era, cómo era la gente, pensé que iba a estar sola, y me daba miedo perderme en esta ciudad, pensaba por dónde voy a caminar, pensaba que me perderí­a. Además, yo nunca me habí­a subido a un avión, entonces todo esto ha sido nuevo para mí, y debo decir que yo vine con miedo, pero me voy feliz. La verdad  es que todo ha sido muy bonito. Aunque yo sea aymara, y no pueda expresarme tan bien como ustedes en su idioma, pero estoy muy feliz de haber venido.
¿Qué importancia tiene para usted este tipo de instancias culturales?
Yo soy original aymara, mis padres eran aymaras y mis abuelos también. En mi familia no estamos mezclados, entonces para mí­ es muy importante poder enseñarles a los demás mi cultura; me sentí­ muy bien de poder enseñarles a los niños sobre mi cultura; ellos ponían mucha atención a todo lo que yo les decía y les enseñaba; le poní­an empeño a las cosas, a las correcciones que yo les iba haciendo, me llamaban maestra, cómo debo hacer esto,  maestra, cómo se dobla acá, y también preguntaban otras cosas más relacionadas a mi cultura, al lugar donde yo vivo, a mi familia, a mis orí­genes, y me sentí­ orgullosa de poder ser yo la que les contaba sobre mi pueblo. 

¿Imaginé que en Santiago existirí­a interés en saber detalles de su oficio y de su cultura?
Sí­, me imaginó que sí­. Los niños siempre son curiosos, siempre desean aprender cosas y son empeñosos, entonces cuando supe que le enseñaría a niños, pensé que iban a estar interesados en aprender algo nuevo y diferente, pero nunca pensé que los adultos querrí­an saber. Los adultos, son más cerrados a las enseñanzas nuevas y pensé que ellos no iban a demostrara interés y me equivoqué, porque vino harto adulto e hicieron harto empeño en lograr torcer y tejer la pieza que yo enseñé; se mostraron interesados en aprender sobre mi cultura, me preguntaban hasta cuando estaré yo por acá, cuándo iba a volver, y una serie de cosas que yo no sabía qué responder, pero demostraba que ellos quedaron contentos con mi presencia. 
¿Quedó conforme con todo lo que vivió, Señora Clotilde? 
Yo me voy feliz, feliz por cómo me trataron, feliz porque los niños y la gente adulta se mostraron siempre felices de mis enseñanzas y también muy interesados en aprender de mi cultura, y creo que este tipo de cosas se deberían a hacer en todos los niveles, y no sólo en Santiago, sino que en todo Chile y con todas las culturas y con todos los artesanos que realizan oficios, porque es una buena manera de aprender sobre la cultura de los pueblos del paí­s. Es base para los niños y para los adultos también, porque muchos sabemos cómo se hacen las cosas hoy dí­a, pero nadie sabe cómo se han hecho las cosas en el pasado, cuando no habí­a nada más que tejer en mi cultura por ejemplo, y yo creo que esto pasa con otras culturas como los mapuche, los atacameños y con todos los pueblos que tienen una tradición. 
¿Cómo se siente siendo parte tan activa de Fundación Artesaní­as de Chile?
Yo me siento muy orgullosa y muy contenta, porque la fundación está ayudando a los artesanos; está enseñando a la gente, está buscando oportunidades para que nosotros podamos trabajar mejor, y porque esto es lo único que nosotros tenemos. Yo por ejemplo, no sé leer; mi mamá me enseñó a tejer no a leer ni a escribir, entonces este es mi trabajo, es mi fuente de ingreso; es lo único que yo sé y que además es tradición de mi pueblo, de mi gente, por eso para mí es muy importante enseñar mis tradiciones al que quiere aprender. Además, yo soy el hombre de mi casa. Mi marido no puede trabajar porque tiene una gran enfermedad, y tengo un hijo en el colegio, entonces yo soy el sustento de mi familia, y gracias a esto, a mis tejidos, a mi trabajo yo puedo sacar a mi familia adelante, y me siento orgullosa de eso.