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25 Junio, 2015

Entrevista a Jorge Monares, artesano en cobre “Soy una persona privilegiada”

Jorge Monares es artesano del cobre y trabaja junto a Fundación Artesanías de Chile desde hace más de una década. Su casa, ubicada en la comuna de Estación Central en Santiago, esconde a gritos la euforia de la celebración íntima. Sus trabajos son dignos de elogios y así lo señalan los reconocimientos y premios que ha obtenido: Premio a Maestro Artesano el 2013, otorgado por el Consejo de la Cultura y las Artes, y el Sello de Excelencia a la Artesanía el 2011 entregado por el mismo organismo.
¿Hace cuánto trabajas como artesano del cobre?
Hace unos 35 años, más o menos. Yo trabajo desde los 17 años y tengo 56 así que sácate la cuenta… serían una buena cantidad de años.
¿Cómo empezaste en el oficio?
Mi papá trabajaba en cobre y yo terminé cayendo en el taller. Le ayudé con el trabajo para levantar el negocio, porque estaba bien de capa caída el asunto de artesanía esos años. Yo entré por ahí por el 70 y tanto, en que las cosas comerciales no estaban muy buenas. Ahí me dediqué más que nada a hacer diseños y a aprender a usar las herramientas. Trabajé con mi papá unos 8 años y después por asuntos económicos tuve que salir del taller. Así terminé independizándome.
¿Todo lo que está aquí lo diseñas tú?
Claro, todo. Yo aprendí en el taller de mi papá. Aprendí a usar el martillo, un poco los cinceles y ese tipo de cosas. Como a mí me gustaba el dibujo, entonces me dediqué a diseñar y a hacer cosas. Y buscando novedades, tratando de abrir un poco el mercado para poder subsistir, es que me puse a hacer cosas distintas.
¿Qué tipo de piezas fabricas?
Hoy en día estoy haciendo nacimientos y ángeles, que es lo que me compra Artesanías de Chile. También hago joyería, cincelado, piezas únicas, máscaras; una gama grande de productos.
¿Cuándo te diste cuenta que te dedicarías a esto definitivamente?
Yo creo que a todos nos pasa que estudiamos y no sabemos qué vamos a hacer después de salir de cuarto medio. A qué me voy a dedicar, qué me gusta realmente. A mí la verdad es que las circunstancias me hicieron llegar a esto. Me casé muy joven y me puse a trabajar con mi papá. La situación estuvo mala y me tuve que separar del trabajo con mi papá, busqué trabajo en otra cosa, jamás encontré trabajo. Yo venía ya con dos hijos ¿cachai? Entonces había que buscar la forma de hacer lucas. Entonces me dije: si me tengo que dedicar a esto, tengo que hacerlo lo mejor posible. Y ahí me metí con todo y no salí más. Y meterse con todo es tratar de ser de los mejores. Y ahí que empecé a tener todos los diseños que tengo. Todo lo que sale de estas manos es diseñado por mí. No hay nada copiado. Eso me ayuda a abrirme las puertas, porque desgraciadamente no todos los artesanos tienen la habilidad de dibujar y ser diseñadores.
¿Dónde vendes tus productos?
En Artesanías de Chile y en algunas tiendas de artesanías que van quedando en Santiago. Tengo poca clientela. Aquí en Santiago debo tener unos 3 o 4 clientes, algunos fuera de Santiago, y eso. La ventaja de no vender tanto es que mi producto no se hace tan masivo, aunque hoy en día ya hay varios que están tratando de copiar mis cosas, gracias a Dios no con la calidad con que las fabrico yo.
¿Qué te llena más de este oficio?
Es lo que me gusta hacer. Por lo demás, es tanto el asunto que por ejemplo, en cuanto a este trabajo, son cosas que nadie más las hace: la forja en cobre, levantar un disco, hacer una pieza. No hay nadie que la haga. Entonces esas cosas me dan satisfacción, por lo que he logrado.
¿Pretendes enseñar la técnica a alguien?
Sí. Tengo que enseñarlo porque esto no lo sabe nadie. Yo tengo videos de cómo hacer los trabajos, tengo fotografías de cómo se realiza, pero no tengo a nadie aún metido aquí en el taller aprendiendo. Es complicado enseñar aquí porque es pequeño y los vecinos se pueden molestar por el ruido. Entonces por ahora no tengo las condiciones. Pero de que más adelante lo quiero enseñar, sí.
Y trabajando en cobre vas a seguir hasta…
Ya quedé amarrado con esto. ¿Qué hago? Tengo 56 años, ¿en qué puedo trabajar? En esto hay que morirse con las botas puestas. No puedes hacer otra cosa. Yo he hecho esto todo la vida y, de partida, no me veo con jefe; no podría soportar un jefe. Además que tengo la libertad de hacer lo que yo quiero. Yo creo que soy una persona privilegiada que trabaja en lo que le gusta o que hace lo que le gusta. Muchos trabajan, pero lo hacen por la necesidad y no porque les guste realmente lo que están haciendo.
Y como esto me gusta, pretendo seguir muchos años más. Tengo que morirme trabajando en esto, no puedo hacer otra cosa tampoco. Por ahí va el cuento de poder enseñarlo más adelante. El trabajo te va pasando la cuenta y ya los brazos no los tengo como antes. Entonces físicamente los músculos se van resintiendo y ya no se puede rendir como se rendía antes. Y ahí hay que ir bajando y ver cómo te seguís ganando la vida después. Es así el cuento.