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7 Julio, 2015

El rescate patrimonial en palabras de la artesana kawéskar, Carolina Quintul

Esta semana comenzaron los talleres de difusión del oficio de la cestería kawéskar en ª#ŽExpoMilano2015¬, gracias a la visita de la maestra artesana Carolina Quintul Coliboro, quien con mucho cariño y entusiasmo se encuentra en la ciudad italiana a través del proyecto “Artesanía Viva” de Fundación Artesanías de Chile.

A continuación los invitamos a leer un poco más sobre su historia y de cómo ha sido su vida junto al rescate de la cultura de su pueblo, el “kawésqar”, quienes han vivido desde tiempos inmemoriales en la Patagonia occidental, entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes:

“Nací y crecí en Punta Arenas, de padre Mapuche y madre Kawésqar. Mi madre fue traída en el tiempo de las Misiones por los Salesianos desde los canales; en ese entonces traían a los niños a estudiar a Punta Arenas y los llevaban a colegios salesianos, mi madre fue internada en el Liceo María Auxiliadora.

Mis ancestros, abuela, bis abuela, venían de los canales del lado Sur, Bahía India, Puerto Valdés, Isla Dawson, ellos vivían y transitaban por esos territorios. Desde pequeña vi a mis parientes visitar nuestro hogar, recuerdo que hablaban otro idioma, eso me llamaba la atención, pero nunca me dejaron escuchar nada, siempre me decían ´son conversaciones de grandes´ que lo pequeños no debían escuchar, siempre me enseñaron el respeto y eso era sagrado, no interrumpir las conversaciones de los mayores, entonces me sacaban para afuera. Una tía que yo tenía siempre estuvo al lado de mi mamá, ella hablaba distinto, como extranjera, claro, yo no sabía en ese tiempo que era Kawésqar.

Cuando pasaron los años la tía Emiliana enfermó, la iba a visitar a su casa y luego al hospital, cuando ella estaba muy mal, me dijo: ´hay algo que debes saber, yo soy media hermana de tu madre por parte de mamá´ yo no podía creerlo, ahí entendí porqué ella siempre estaba al lado de mi madre y la ayudaba en todo y entendí porqué mi mamá murió de TBC al pulmón, que era una enfermedad que tenían todos los indígenas.

Debido a esta misma enfermedad es que fui separada de mi madre, por miedo al contagio, yo tenía entre 5 y 6 años, cuando se llevaron a mi mamá a Santiago a un sanatorio, nosotros junto a mi dos hermanos vivimos en pensión, ya que mi padre trabaja embarcado y no nos podía cuidar, cada dos años venía mi madre a vernos, pero pasaba muy poco tiempo con nosotros, porque se volvía a enfermar y volvía a Santiago. Cuando la fuimos a ver antes de su muerte, fuimos a visitarla al hospital, pero no la podíamos tocar y apenas mirar, porque teníamos que mirarla desde la puerta, por miedo al contagio.

Quedé huérfana a los 8 añitos y me hice cargo de mis hermanos; mi madre fue sepultada en Valparaíso. Luego fuimos criados por la madrina de mi hermano, para mi ella fue mi segunda madre, nos aferramos mutuamente, yo siempre estuve a su lado hasta sus últimos días.

Me casé y tuve cinco hijos que estudiaron en el liceo salesiano Don Bosco, uno de mis hijos, que en ese entonces tenía como 12 años, lo llevan hacer una tarea al museo y me dice: ´mamá, tu familia está en el museo´, ´me mostraron una foto y era tu cara´, le pregunté incrédula ¿era cara indígena? Y me responde, ´sí´. Fui al museo y me cercioré, realmente eran familiares nuestros y decidí empezar una investigación acerca de mis antepasados, empecé a hacer un trabajo audiovisual donde entrevistaba a la gente que yo conocía que tenía información, como por ejemplo a los familiares que visitaban a mi mamá cuando yo era pequeña, ya estaban viejitos. Mi tío Carlos Remchi, su nombre indígena es ´Chocón´, con él comencé a estudiar, mi tío me enseñó y todo lo tengo grabado, así voy reforzando el idioma. De él se han hecho memorias, libros donde aparecen sus relatos con las enseñanzas Kawésqar.

Luego me contacté con Rosa Catalán, que también tiene sangre Kawésqar, ella era una tía abuela y me enseñó hacer los canastos, me costó harto convencerla, se supone que se transmite de generación en generación, pero hubo un tiempo en que la cestería estuvo bien escondida, nadie quería enseñar para que el ´blanco´ no aprendiera, pero después la misma Rosa Catalán comenzó a enseñar en las escuelas y comenzamos a enseñar juntas.

Con los niños trabajo con el diccionario que hizo mi tío más una familia de Puerto Edén, ellos recopilaron las palabras. Les enseño el tema cultural y el abecedario, partiendo por lo que significa Kawésqar, que significa ´Ser racional de piel y hueso´, Kawes significa ´de piel´ y Kar ´de hueso´.

También vemos cantos en Kawésqar, algunas canciones en castellano las traduzco y las cantamos, me atreví a trabajar en las artes escénicas con los niños y realizamos una obra de teatro en donde ellos eran Kawésqar y hablaban el idioma, contando un poco de la historia de nuestros antepasados, es increíble el interés que tienen los más pequeños por nuestra cultura y nuestro deber es poder transmitirla lo más que podamos, traspasar las fronteras y llegar lejos con ella”.