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25 agosto, 2015

“Es una pega sacrificada pero muy gratificante” Guillermo Cisternas, reproducción de mascarones

Los años de trabajo acabaron por convertirse en una manifestación concreta del goce o el padecimiento que significó cada una de las producciones que se posan dentro de la casa de Guillermo Cisternas. Figuras talladas en madera, expectantes, como visitantes lejanos que jamás se irán; mascarones que empapelan las paredes, susurrando tímidamente sus propias historias de nacimiento, y el techo, palpitante y solemne, convertido en una parra que germina ángeles, vírgenes y santos. Cada pieza se mantiene erguida con orgullo, inundando su hogar de diversas narraciones que transforman la visita a su mundo en un auténtico y conmovedor viaje. Su esposa, Fanny Hermosilla, relata a la par cada una de las experiencias que ha tenido que vivir Guillermo para contar con tal patrimonio de artesanías, y se queja, entre sonrisas, de la forma en que su casa ha sido invadida por aquellas creaciones.

Inquieto de ideas

Guillermo relata que desde pequeño fue inquieto de ideas y retraído de acciones. Su padre, de profesión arquitecto, estimuló dentro de su despacho la veta artística de su hijo. Guillermo observaba silente los dibujos que su padre hacía, llenando su cabeza de diseños y de impulsos creativos que se terminarían por transformar en costumbre. A los doce años le regalaron un juego de herramientas para tallar madera junto al cual pasó largas horas. Ese fue el prólogo de su capacidad artesana y de sus peregrinajes.

Me cuenta que todo nació en sus momentos de ocio. El aburrimiento y la inquietud desarrollaron su condición autodidacta, su amor por la lectura, por el dibujo y también por el jazz. Las manualidades siempre se le dieron bastante bien y, aunque comenzó tallando madera, maneja la artesanía en cerámica con gran pericia. Fanny me cuenta que cuando conoció a Guillermo, él se dedicaba a elaborar manualmente diferentes tipos de calzado y, en particular, botas de trabajo. Señala con aires justicieros que fue ella quien le impulsó a utilizar sus habilidades de artesano como una fuente de ingreso real, realizando piezas que realmente le llenaran como persona, independiente de la caída en términos monetarios que debieron aguantar. Guillermo y Fanny lograron soportarlo y de aquello ya van más de treinta años.

El desarrollo de la técnica

Si bien siempre ha sido Guillermo quien se ha impulsado a evolucionar en la calidad de su técnica, también existen momentos en su vida que decantaron en el desarrollo de ésta gracias a espacios particularmente enriquecedores. Tras el golpe militar, me cuenta con una sonrisa que elimina todo lo caótico que debió ser aquel proceso, decidió abandonar el continente. Con el dinero que pudo conseguir en pocos días aceptó la oferta de un amigo de acompañarlo a Isla de Pascua, sabiendo que aquel periplo duraría solo mientras le aguantase el dinero. Entre risas me explica que dicho dinero se agotó en una semana y que, contrario al plan de volver cuando éste se agotara, se quedó allá durante cinco años.

En ese período se las rebuscó como pudo. Se inventó un trabajo como bibliotecario de escuela y posteriormente trabajó como pañol para ENAP. Por una casualidad, terminó trabajando con artesanos Rapa Nui, ayudándolos con sus tallados en Miro Tahiti (la madera de la isla) mientras aprendía sus técnicas y, de paso, perfeccionaba la propia.

El siguiente episodio de su vida tuvo lugar en Isla Negra. Un tiempo después de abandonar Isla de Pascua contrajo matrimonio y se instaló en el pueblo costero. En aquella localidad desarrolló el tallado de mascarones y su posterior producción en cerámica. El trabajo que más le brindó ingresos durante dicho período fue la restauración de mascarones de proa con los que llegaban hasta él los dueños de los barcos. Tras seis años en Isla Negra volvió a la capital a vivir de sus propias artesanías.

Hoy y mañana

Guillermo tuvo un taller en el Parque Mahuida hasta hace un par de años. Hoy, en un momento de su vida en que las circunstancias lo tienen frente a una suerte de crisis financiera, no puede darse el tiempo para hacerlo. A pesar de esto, cree firmemente en que su técnica para ambos tipos de artesanía debe ser traspasada y que, incluso, es su obligación transmitir el legado. Es por eso que enseña cada vez que tiene la posibilidad.

Mientras me explica esto aparece su esposa para decirle que su primer nieto será en realidad nieta. Su rostro se emociona y el tema cambia a sus hijos. Ambos han emigrado del nido hace ya varios años. Tienen estudios universitarios y ninguno practica las labores de su padre. Guillermo los entiende. Sabe que le han visto muchas veces tener que trabajar día y noche para resistir económicamente y que, incluso con el máximo esfuerzo, a ratos ha sufrido los bofeteos de la escasez. “Es una pega sacrificada pero muy gratificante” me dice.

La clientela que tiene es escasa pero fiel. Me cuenta que aquellos que le compran lo hacen desde hace varios años y que, lo que más le entrega dividendos, son sus producciones en cerámica. En cuanto a su relación con Artesanías de Chile, señala que los más de diez años que lleva siendo parte de la red de artesanos y artesanas, le han sido bastante beneficiosos y que, en la actualidad, continúa vendiendo mascarones de cerámica a la Fundación.

Guillermo me ha contado parte su vida con gran soltura. Ahora que nuestra conversación termina puedo afirmar que es un hombre bastante agradable en la charla, al igual que su esposa. La distensión se instala en aquel patio repleto de repisas con figuras por terminar y troncos que serán transformados en cristos, ángeles, lámparas o lo que sea que traigan los nuevos días de verano.

No hay rincón de la casa en el que uno no se tope con alguna pieza. “Hay que tener paciencia con los artistas” dice su mujer. Él bromea con las cumbias que salen de la radio mientras se deja tomar fotos. Se pone la pechera y dice que esas se las hace su esposa. Fanny asiente orgullosa. Mientras me enseña las herramientas que tiene sobre su mesa de trabajo, me doy el impulso para preguntarle sobre el tan complicado e inexistente futuro. Él me responde: “yo creo que nunca me voy a cansar de esto”.