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25 octubre, 2015

“Todas las figuras intentan decirnos algo” Javier Neira, maestro artesano en reproducción molle

La cultura Molle desapareció de este suelo hace algo más de un milenio. Regadas por este territorio quedaron pequeñas luces de lo que fueron sus creencias, su cotidianidad y su relación con el entorno. Todo descansa en el polvo.

La historia dice que eran un pueblo cazador y recolector. El transcurso sucesivo de eventos los llevó a desarrollar la agricultura y con ello llegó el sedentarismo. También la crianza de animales pasó a formar parte fundamental en el abastecimiento del grupo. El lugar de asentamiento fue la Región de Coquimbo, donde aquel estado estacionario propició la elaboración de cerámica utilitaria y ceremonial.

Todo eso explica Javier Neira, como si estuviera impartiendo una clase informal y cercana. “Al parecer hubo un cambio climático que arrasó con el ecosistema y el pueblo Molle debió emigrar nuevamente” dice al tiempo que comienza a sacar sus piezas de la estantería, “estas figuras son reproducciones de lo que ellos hacían” y unas formas peculiares se plantan frente a nosotros.

Javier lleva apenas seis meses viviendo en su actual casa. Allá en Puente Alto dice que no fue tan difícil adaptarse, aprenderse las micros y ese tipo de cosas, que ya llevaba un buen tiempo viviendo acá en Santiago y que lo único novedoso fue arribar a dicha comuna, donde hoy en día se encuentra totalmente cómodo.

“La casa debió adaptarse a las circunstancias de mi llegada. Tuve que hacer nuevas instalaciones eléctricas para armar el taller, ya que el gobierno y las constructoras entregan estas casas sin el voltaje que ellos mismos exigen. Un desastre” explica con una sonrisa tragicómica.

Javier no solo realiza reproducción de cerámica molle, sino que abarca una gran cantidad de pueblos precolombinos desde Arica hasta Osorno. De pronto nos pregunta si podemos reconocer las figuras molles. Con resignación asumimos que no y preguntamos por alguna característica que las delate. Él parece algo así como un profesor dando clases o como un niño compartiendo sus tesoros con nuevos amigos. “Las piezas molles se caracterizan por representar al mundo que las rodea. Llamas, caravanas, calabazas, naturaleza y los animales con los que más interactuaron”.

Nos enseña la figura de un búho. Aquella ave nocturna que en varias culturas es asociada con la virtud de la inteligencia, en esta representación tiene un aspecto peculiar, como de tristeza o resignación. Nos explica que esa fue una de las últimas figuras diseñadas por la cultura molle. Cuando el medio se comenzó a desequilibrar, los sapos, culebras y lagartijas que le servían como alimento desaparecieron gradualmente. También añade que la pieza original fue sacada de un cementerio y finaliza diciendo que: “todas las figuras intentan decirnos algo”.

La primera vez que se interesó por este tipo de creaciones fue durante su niñez. Su familia se relacionaba mucho con el mundo mapuche y su familia interactuaba bastante con dicha cultura. La infancia la vivió en Cañete, localidad ubicada en la Región del Biobío. Su curiosidad lo llevó a estar muy cerca de las manifestaciones culturales mapuches. En los lugares que recorría había muchos restos de piezas pertenecientes a culturas ancestrales repartidas por la tierra. Nunca pudo sacarlas de su cabeza.

No pudo trabajar en sus intereses inmediatamente. Al llegar a la adultez estudió asuntos comerciales, por las presiones familiares y sociales que en esos momentos sintió. Sin embargo, en paralelo se volvió un erudito en el tema y comenzó a aprender la técnica a través de un método autodidacta. Se hizo muchos contactos y así, tras aburrirse de sus ocupaciones forzadas, abandonó y se metió de lleno en las reproducciones artesanales.

Intentó ingresar a las redes de museos con sus obras pero no tuvo buena suerte. “Cuando empecé a hablar con los museos me dijeron que todo lo que hacía estaba malo. Me rechazaron una vez y con el paso del tiempo volví a intentarlo. Me rechazaron de nuevo. Entonces me metí a hablar con la gente de los laboratorios arqueológicos para que me explicaran. Ellos me dijeron, esto es así y esto de esta otra forma. Tras mucho ensayo y error logré ingresar”.

En cuanto a su trabajo junto a Artesanías de Chile dice llevar alrededor de cuatro años. Es uno de sus espacios de comercialización junto al resto de los museos y, además de las labores de venta (las cuales considera fundamentales en el oficio) realiza talleres a niños en los diferentes espacios de los que dispone la fundación.

Con respecto a estos talleres, también realiza una crítica a las grandes diferencias sociales que existen en nuestro país. “Te encuentras con niños de comunas muy pobres, que son simpáticos, que tienen inquietudes, pero que el mundo que se les presenta es muy limitado. Da pena. Solamente viendo las limitaciones que tienen en cuanto a asuntos escolares, o en uso de tecnología, computador y todo el asunto que tenemos hoy día, todo se les hace más difícil. Eso no es justo.”

A sus 47 años continúa su proceso de aprendizaje y perfeccionamiento. “Me falta un poquito más” señala en cuanto a la calidad de su trabajo y agrega que la carencia de tiempo es uno de los puntos que le limitan llegar, por el momento, a mejorar aún más. “A veces falta tiempo para poder replantearse el asunto. Es necesario replantearse para mejorar”.

Ya finalizando la visita nos ofrece una demostración de su trabajo. Saca moldes y disuelve algo de greda. En diez minutos termina la forma de una vasija y la deja secando. Recoge otra y comienza a dibujarla, con paciencia y lentitud. Son muchos símbolos, muchas formas, muchas historias. Todo debe quedar adherido a las reproducciones que sus manos diseñan. Hay carga discursiva histórica y espiritual que no se puede perder.

La clase termina más rápido de lo que hubiésemos querido. Es imposible no quedar prendado de aquel misticismo que envuelve a aquellas culturas que descansan en el inagotable andar de lo eterno. ¿Qué es lo que hará este verano? Él responde que hará lo que siempre hace, trabajar, o que quizás parta hacia las montañas, a tomar fotografías y a buscar lo que suele estar buscando, todos esos mitos y leyendas que cada día le alientan a continuar.