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25 Noviembre, 2015

“La platería mapuche es fantástica” Rodolfo Pichunman, orfebre mapuche

Rodolfo Pichunman vive en una pequeña casa ubicada en la comuna de El Bosque. Comparte el espacio con parte de su familia, en una morada que cubre las necesidades de siete personas además de él. El taller se encuentra en el segundo piso, aunque solamente es una habitación que se ha visto gradualmente invadida por los materiales y herramientas que Rodolfo juntó durante largos años.

Nos ofrece té. Mientras baja a buscarlo al primer piso nos dedicamos a recorrer aquel reducido espacio. Hay una mesa de trabajo con trozos de plata encima. Dos pequeñas ventanas contrapuestas regalan una débil luz, tan cálida y grisácea como el verano que ya se marcha. La radio rellena con una forzada conversación el silencio que ha dejado Rodolfo, el mismo que desaparece en cuanto vuelve a cruzar la puerta con su humeante bebida en la mano.

Los primeros pasos

Rodolfo tiene 43 años y desde hace 13 que trabaja orfebrería. A los 30 años ingresó a estudiar diseño en la Universidad Católica de Temuco. Nos cuenta que allá había un taller de orfebrería y que en ese lugar se involucró con el trabajo en plata. “Me gustó mucho, me encantó, al igual que la cerámica… y al igual que todos los otros materiales” dice riendo. Señala que le parece interesante trabajar manualidades en cualquier elemento, pero que la plata lo cautivó particularmente, tanto así, que hizo su práctica en un taller de trabajo orfebre, intentando observar y aprender lo más posible de aquella experiencia.

Desde eso hasta independizarse pasaron unos cuántos años. El 2008 su madre enfermó y debió volver a Santiago para vivir con ella y cuidarla. Aquella circunstancia le dejó tiempo para comenzar a trabajar en un taller que hasta ese momento no existía. Juntó herramientas de a poco y empezó a ensayar en materiales sólidos los diseños que su mente constantemente creaba. Su madre falleció en enero del 2011.

Los años posteriores a aquel punto de inflexión se los pasó trabajando en metales. Asistió a algunos talleres para mejorar su técnica y comenzó a experimentar con el tallado de madera. “Yo trabajo con madera también. Hago trabajos de orfebrería, madera y la combinación de materiales”. Se reconoce a sí mismo como un reproductor de la orfebrería mapuche y lamenta muchas situaciones históricas que han mermado la preservación de aquella cultura y sus tradiciones.

¿Los diseños en plata tienen algún significado particular?

“Claro que lo hay, pero lo que pasa es que esa información se perdió cuando ocurrió el genocidio y mataron a mucha gente mapuche en los años 70’. La llamada ‘pacificación de la Araucanía’. Toda la gente que conocía los símbolos y tenía esa sabiduría murió. Por lo tanto nosotros nos quedamos sin esa información. Hay muchas cosas de la cultura mapuche que, por lo mismo, aún no se les revela el significado. No hay antecedentes, nadie sabe”.

Rodolfo cree que la platería mapuche es muy menospreciada dentro de las artesanías originarias de Latinoamérica. Nos cuenta que en algunos de los seminarios en que ha participado, la orfebrería mapuche no es correctamente reconocida. “No se habla de platería mapuche. Es como si nunca hubiera existido. El discurso habla de las orfebrerías de otros países y de que acá no hay cultura platera. Pero eso está mal. La intervención en la plata plasma técnicas ancestrales de nuestro pueblo. Los mapuches impregnan su cosmovisión en la plata”.

El presente

Hoy en día Rodolfo se dedica a trabajar en su taller y a hacer clases. Buscó trabajo en varias municipalidades y en Quilicura fue aceptado. Actualmente realiza una clase semanal de tres horas. Se define como un maestro generoso en la entrega de información, puesto que no le gusta que la gente abandone el taller por no encontrar motivaciones.

En relación a la venta de sus productos declara que ejercer la labor de vendedor es muy difícil, porque tampoco posee una gran cantidad de clientes. “Mis compradores son, por lo general, personas conocidas. Gente que le gusta la orfebrería y contactos que he ido haciendo a lo largo de los años. La información de mi trabajo se mueve de boca en boca. Yo soy el encargado de vender mis cosas, de llamar a la gente, de catetear para que paguen. Igual es un poco estresante ese estilo de venta”.

Con respecto a Fundación Artesanías de Chile señala: “Artesanías de Chile es muy conocida entre los artesanos. Yo quise entrar para visibilizar mi trabajo, para que mis productos se conocieran. Para mí era como obtener un reconocimiento y lo logré. Además que conviene porque te pagan rápido y no te tienen tramitando. Eso es bueno, porque lo que más necesitamos nosotros los artesanos es que se pague a tiempo y que además sea por un precio justo”.

Sobre el final vienen las fotografías. Dice que prefiere sacarlas antes que ser apuntado por el lente de la cámara. Mientras es fotografiado nos comenta sobre sus proyectos a futuro, los talleres que hará, las piezas que pretende crear, los fondos que espera obtener. Comenta que las piezas que fabrica en plata son reproducciones miniatura porque no puede permitirse obtener grandes cantidades de material.

Dice que le gustaría tener más espacio, que su taller fuese más céntrico, que Quilicura no quedara tan lejos y que más gente llegase hasta su casa a aprender. Pero se le ve contento. Ha deslizado la idea de que le gusta la gente que es capaz de lograr grandes cosas con pocos elementos. No maneja un gran capital y no lo necesita. Su creatividad y versatilidad convierten aquel taller en un barco que navega a toda máquina.