Logo Fundación artesanías de Chile

11 Noviembre, 2016

Rogelia Castro, última artesana aymara en ser parte de “Memorias del color 2016”

Por Rocío Hermosilla Z.

Los textiles y el color son el tema del año en el espacio educativo y cultural de la Fundación Artesanías de Chile en el Centro Cultural Palacio de la Moneda (CCPLM), a través de la muestra ‘‘Memorias del color’’, una exposición abierta al público que presenta y caracteriza la textilería Mapuche y Aymara. Tintes vegetales y minerales, el uso de distintos tipos de lana, procesos manuales de teñido, simbología de los diseños, y sobre todo colores, naturales o vibrantes, es lo que se disfruta y aprende en la tienda del menos uno.

Uno de los objetivos de esta exposición es valorizar el trabajo, esfuerzo y la dedicación que las y los artesanos entregan en cada pieza textil que confeccionan de forma manual, usando técnicas que son  centenarias. Frágil, por un lado, y sabio, por otro, la textilería depende mucho de la precisión de la técnica. La sabiduría, en tanto, se encuentra en cada artesano; no existe manual alguno que contenga instrucciones o pasos a seguir de los diseños, o la forma de hacer puntos en el telar, estos insumos sólo se encuentran en los conocimientos de quien entrelaza con las manos.

El blanco, el negro y el café, son los colores base de la textilería mapuche, que utiliza lana de oveja. Tintes vegetales como la cáscara de cebolla o las hojas de té, o los del tipo mineral, como el barro, dan origen a tonos que se contrastan en un telar vertical. El tejido es una actividad exclusivamente realizada por las mujeres y la antigua condición para tejer era estar anímicamente bien, ya que si la tejedora estaba triste o decaída eso se verá reflejado en el producto final. Cuenta una leyenda que a las niñas se les ponía una araña en las manos para que fueran buenas tejedoras en un futuro.

Todas las gamas de cafés, propios del pelo de alpaca, son, por otro lado, los predilectos del pueblo Aymara, los que son dispuestos en un telar de ‘‘cuatro estacas’’, mediante una impecable combinación en degradé, técnica denominada ‘‘Kisa’’. En tanto, los tonos más verdosos son entregados por los arbustos locales.  Pero, en las piezas altiplánicas también existe el color fuerte y fosforescente; el rojo, el fucsia, el verde y amarillo se logran gracias a las anilinas. En el caso del pueblo aymara los hombres también se integran en la textilería, confeccionando tejidos más resistente y gruesos de lo que las mujeres pueden hacer. El trabajo minucioso de los artesanos y la respetuosa técnica hacen de la textilería andina la más compleja y refinada del mundo.

La muestra también comprende la activación de talleres realizados por artesanas autóctonas de ambos pueblos, quienes reciben a cursos de distintos colegios, grupos de adultos o ancianos en la semana y a público general los fines de semana. Ellas enseñan su tradición y ayudan a los alumnos y alumnas de turno a crear piezas simples, las que pueden conservar, encapsulando la experiencia.

Es allí donde Rogelia Marcela Castro Flores, artesana textil aymara de 48 años oriunda del árido Colchane en la Región de Tarapacá, se convierte en maestra y reveladora de parte los secretos textiles que guarda desde su niñez. Rogelia nos compartió un poco de su historia y de su experiencia en el último día que dictó  clases en el espacio de la Fundación en el CCPLM.

 

¿Cómo llegó al oficio que hoy la sustenta? ¿De qué se trata la textilería para usted?

Por herencia, por mis bisabuelos. Esa es nuestra cultura, nosotros vivimos de eso y mi bisabuelita le enseño a mi mamá, y mi mamá me enseñó a mí.  Va de generación en generación esta tradición. Yo aprendí a hilar a los nueve o diez años. Al principio me enseñaron, pero después inventaba o salía de mi mente lo que quería hacer… entonces después voy haciendo más cosas.

Es una cultura que nosotros no estamos perdiendo, esa etnia que nos enseñaron nuestros abuelos  va siguiendo de generación en generación. Yo ahora la estoy dejando y transmitiendo a mis hijos también, para que no pierdan  esa cultura, porque nosotros vivimos de eso, esa es nuestra cultura.

¿Cómo crea sus productos?

Nosotros no tenemos libros ni nada, de nuestra mente y de nuestro corazón nace hacer las cosas.  La cultura aymara tiene distintos colores de la alpaca, entonces  vamos diseñando. Por ejemplo, el café se puede combinar con banco, negro, y así, según las diferentes prendas que tú quieras hacer, vas diseñando con tu mente y nace de nuestro corazón.

¿Cómo llegó a la idea de vender de sus productos?

Muchas veces antiguamente, hacíamos las prendas para puro vestirnos y no teníamos donde vender. Yo no tengo un estudio, entonces en ese momento, como a los 22, vi que llegaban a mi pueblo turistas y me preguntaban qué se trabajaba y ahí me compraban. Ahí vi yo el dinero que recibía de mis manos. En ese momento empecé a innovar las cosas para vender artesanías, ese era mi sustento para mantener a mi familia y sacar adelante a mis hijos para estudiar. Ahora yo vivo de esto, de mi artesanía.

¿De no haberse dedicado a las artesanías cual habría sido su opción?

Siempre tengo la opción de vender mi ganado en carne y en charqui.  Yo también soy ganadera y agricultura de quínoa, sembramos igual que el trigo la quínoa. De la quínoa sacamos todo, el graneado, la cazuela, la harina tostada de quínoa, entonces eso es sustentable también de allá de la cultura.

Rogelia Castro es una de las seleccionadas para participar en la Segunda Feria Nacional de Artesanías, Turismo y Productos Campesinos, organizada por la Fundación Artesanías de Chile a realizarse desde el 28 al 01 de diciembre en la Plaza de la Constitución, convirtiéndose en una de las representantes de la Región de Tarapacá.

¿Cómo nace la relación con la fundación?

Yo conocí a la Fundación Artesanías de Chile en una reunión con una amiga que yo conocía y ahí ella me contó lo que hacían, por eso me contacté. Ellos me pedían una muestra de qué es lo que hacía yo, y yo les mandaba y cumplía. Eso fue como hace siete años atrás.

¿De qué forma ha mejorado sus productos desde que está en la Fundación?

Me hacen capacitaciones, hay un control de calidad, no es cualquier producto el que uno puede vender. Me hicieron un curso de computación para poder escribir y hacerme un correo, y también crearme una página, hace poco me estaban haciendo un curso en Alto Hospicio, para poder promocionar mis productos. He mejorando la calidad de mis productos y he aprendido cosas que nos sabía.

¿De qué manera siente que la han ayudado en lo personal?

Yo recibí un apoyo de ellos, nos preguntaban qué necesitábamos y qué cursos queríamos hacer. Siempre preocupado de nosotros, nos llaman, yo me siento tan contenta porque siento el apoyo.

Ha sido  una ayuda muy grande de acá de Fundación Artesanías de Chile porque me hacen pedidos y me compran.  Me ayudó bastante para pagarla universidad de mis hijos, entonces yo lo valoro mucho y voy innovando para que se vendan mas tejidos.

La población aymara es la segunda etnia indígena que tiene más personas después de la mapuche. Según el censo del 2012, un 11,11% de la población en Chile declaró pertenecer a una etnia, de ésta más de 84% corresponde a mapuches y un 23,38% a los aymaras.

¿Cómo vive su raíz indígena y cómo ha cambiado con los años?

Nosotros en el norte somos unos aymaras que vivimos en el campo, un desierto en el que antes no podías comunicarte. Donde vivo yo no hay luz, ni teléfono, ni agua potable. El agua hace poquito llegó allá donde vivo yo, en Cholchane, y hay luz de cuatro horas no más. Antiguamente no había nada, pero ahora hay de todo. La gente de mi pueblo se siente bien por poder comunicarse, todos ya tienen sus celulares e internet. Pero el aymara siempre está mantenido su cultura y sus raíces, y no está perdiendo esa tradición. Seguimos transmitiendo a los niños y de generación en generación, porque no queremos perderlo.

¿Qué representa en ese sentido tu trabajo de artesana?

Representa a mi cultura. Mi trabajo es mi cultura; artesanía,  agricultura y ganadería.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser profesora?

Ha sido bueno, hay gente que está interesada, me han pregunta mucho sobre qué lengua yo tenía, y yo explicaba y le hablaba a las personas. Me ha gustado enseñar y creo que será un aporte para mi trabajo, porque hay otras personas  que quieren aprender y puede ser otro ingreso para mí también.

¿De qué se trata el taller que hizo recientemente?

Les a hacer un pompón andino, que se llama ‘‘Banderilla’’  también, y se le pone al macho alpaca en la oreja. Le damos un cariño y lo adornamos a nuestro animal, porque él nos da nuestra lana, su pelaje, de eso vivimos nosotros, entonces nos encariñamos igual que con nuestros bebés, porque él también siente el cariño de nosotros… entonces él, mientas está comiendo en la orilla de los ríos, se ve que está bien adornado, y se sienten contentos de que los quiere su dueño. Ahora transferimos este pompón a llaveros.

¿Cuál es su objetivo al hacer los talleres?

Entregar esa herencia a los niños…quizás un día no saquen su carrera y pueden hacer artesanías para que se venda y saquen su platita. Me interesa que haya más talleres. Y están interesadas las personas, quieren aprender a hacer muchas cosas.

Si tuviese que elegir una pieza, ¿cuál cree que es la que más representa su cultura?

La tradición: los tejidos hechos en cuatros estacas, no tengo una pieza favorita. Ésa es mi cultura.