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Cestería

La cestería como expresión manual es incluso anterior a la cerámica. Los atacameños, los mapuche, los patagones y fueguinos, fabricaban diversos objetos de uso cotidiano con fibras vegetales naturales que eran entrelazadas mediante diferentes técnicas, siendo la principal la de aduja. Si bien aún se elaboran piezas con este antiguo sistema, en el presente la cestería popular se realiza mayoritariamente mediante otras técnicas, como el entramado y la trama de ajedrez. Hoy en Chile la cestería se mantiene viva en muchas localidades, entre ellas Rari, Chimbarongo, Hualqui y Liucura.

CESTERÍA

 

La cestería como expresión manual es incluso anterior a la cerámica. Los atacameños, los mapuche, los patagones y fueguinos, fabricaban diversos objetos de uso cotidiano con fibras vegetales naturales que eran entrelazadas mediante diferentes técnicas, siendo la principal la de aduja. Si bien aún se elaboran piezas con este antiguo sistema, en el presente la cestería popular se realiza mayoritariamente mediante otras técnicas, como el entramado y la trama de ajedrez. Hoy en Chile la cestería se mantiene viva en muchas localidades, entre ellas Rari, Chimbarongo, Hualqui y Liucura.

La expresión más al norte de la cestería se encuentra en La Serena, con la cestería con totora. Llegando a la zona central, aparece el mimbre en Chimbarongo, cuna de hábiles artesanos que hasta el día de hoy cultivan, cosechan, y trabajan esta versátil fibra vegetal para producir todo tipo de objetos utilitarios, desde canastos hasta muebles de comedor.

También en la Región de O’Higgins, específicamente en Pichidegua, se desarrolla desde mediados del siglo XX la cestería con hoja de choclo. Se dice que la tradición la llevó a la zona una artesana que de niña había aprendido a trenzar con paja de trigo, cestería que todavía se mantiene viva con un poco más al sur, en la Región de Ñuble, donde destaca el trabajo de las colchanderas: las artesanas que hacen la cuelcha, como se llama al trenzado con esta fibra vegetal y base para el tejido de la clásica chupalla de campo.

En tanto, en Rari, al interior de Linares, en la Región del Maule, se trabaja particularmente la micro cestería en crin, lo que hasta inicios del siglo XX se desarrollaba no con pelo de caballo, sino que con raíces de álamo que se encontraban en el entorno. De hecho, con el pasar de los años, cuando ya se trabajaba en crin, para darle estructura a las piezas las artesanas introdujeron el uso del ixtle, producto importado desde México utilizado en Chile para la fabricación de escobillas. Este material, que sustituyó el uso de raíces para dar forma a los distintos canastos, se consideró innovación en función de preservar la artesanía, aumentando también la diversidad de formas representadas minuciosamente por las artesanas de la zona.

También en la zona del Maule está la tradición cestera de Uraco, localidad ubicada cerca de Vichuquén, donde las artesanas ocupan como materia prima principal el coirón (Andropogon Argenteus). Es un tipo de cestería elaborada a través de la técnica de aduja, que consiste en armar un cordón compuesto de varillas de coirón, que se va cosiendo con hilo sintético. Con está técnica crean piezas utilitarias de tejidos compactos, como costureros y joyeros, y otros de tejido abierto, como paneras y fruteras.

Más al sur de la zona central, a medida que crece la presencia de bosque nativo y zonas lluvisas, con difersidad de fibras vegetales, las tradiciones cesteras se multiplican y la materia prima también: pasando de la ñocha, en Huentelolén, al boqui pil pil y boqui fuco en las regiones del Biobío y Los Ríos, pasando al junquillo y la manila de Puerto Montt al sur. De hecho, Chiloé merece un capítulo especial dentro de la cestería, ya que, al ser un oficio tradicional realizado por los habitantes desde tiempos inmemoriales, tiene gran riqueza y diversidad de expresiones. Las fibras vegetales tradicionalmente utilizadas en el archipiélago son la quilineja, manila, junquillo y boqui negro, con las cuales se producen artefactos utilitarios como canastos recolectores, cernidores, canastos de prensa, y también figuras decorativas que representan la mitología de la isla, como el trauco, la pincoya, el invunche, la sirena, la voladora, el basilisco, la bruja, el brujo y la condenada.

Fuente bibliográfica: 
Memoria Chilena + Área de Patrimonio Fundación Artesanías de Chile

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