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Revista Digital

VIVE LA ARTESANÍA

Wilal: pilwa tejidas con chupón y pita

Desde tiempos ancestrales, las artesanas y artesanos que tejen pilwa lo han hecho solo con chupón; una fibra que, producto de la sequía, es cada vez más difícil de encontrar a los pies de los árboles nativos de La Araucanía. Ante la falta de chupón, la Agrupación Wilalfe Kay de Lago Budi, en la comuna de Saavedra, decidió incorporar una segunda fibra: la pita. Entremezclando ambas fue como dieron vida a esta colección: tres diseños de pilwa que llevan una década perfeccionando, los cuales desarrollaron en diferentes tamaños en versión bicolor. Una bolsa para toda la vida capaz de resistir hasta veinte kilos.

Integrada por 15 artesanas y artesanos mapuche lafkenche del sector de Piedra Alta de la comuna de Saavedra, en la Región de La Araucanía, la Agrupación Wilalfe Kay se conformó originalmente en 1997. Como una forma de preservar aspectos relevantes de su cultura, desde entonces han trabajado de manera permanente el oficio de la cestería, pero no fue hasta 2016 cuando consolidaron con maestría la técnica de la pilwa, cuando se dispusieron a intercambiar sus saberes al alero del programa Mejora la empleabilidad para artesanos y artesanas tradicionales de zonas rurales, implementado por Artesanías de Chile en conjunto con la Subsecretaría del Trabajo.

Entre todas las artesanas y artesanos, fue el maestro cestero Antonio Lefiman quien le traspasó al resto de la agrupación su experticia torciendo la fibra vegetal de chupón, hasta crear la soga larga, flexible y resistente que requiere una pilwa. Cuatro años después, en una segunda etapa del programa, la agrupación participó de una nueva formación en la que fueron convocados por el Área de Diseño de la fundación a realizar una colección autoral que denominaron Wilal. Bajo el mismo programa, y ante la escasez del chupón, en 2021 la agrupación decidió integrar una segunda fibra, la pita, con la que recrearon los mismos tres diseños de la colección original (pilwa wilal tradicional, chaway y redonda), pero en una versión bicolor, incorporando adicionalmente variaciones en sus tamaños.

Autores de esta colección

Seis artesanas y dos artesanos de la Agrupación Wilalfe Kay de Lago Budi desarrollaron la colección Wilal:

Amalia Eloiza Ancan Cisterna
Antonio Lefiman Painemilla
Elena Dolores Reuca Painemilla
Karol Karina Painemilla Huenten
Laura del Carmen Huenten Catrileo
María Antonia Namoncura Quiñinao
Samia Balquis Reuca Huarapil
Rolando Painemilla Huenten

 

El proceso productivo

Detrás de cada pilwa no solo hay horas, sino que días de trabajo, que aquí resumimos en tres pasos:

1. Recolectar el chupón y la pita: todo comienza con la cosecha de la fibra. Para conseguir el chupón (también llamado quiscal), una planta endémica de hojas alargadas y filosas que crece entre las regiones del Maule y Los Lagos, las artesanas y artesanos de Lago Budi deben recorrer varios kilómetros de bosque nativo hasta encontrar la fibra adecuada; esa que crece bajo la sombra de los árboles, cerca del corazón de la planta, donde yacen las hojas ideales para torcer la soga; las más nuevas y blandas. En el caso de la pita (phormium tenax), una planta de mata de hojas anchas y largas verde oscuras, la cosecha se realiza solo en otoño, cuando la fibra alcanzó entre dos o tres años de madurez.

2. Limpiar y partir la fibra: Después de llevar las fibras hasta su casa, las artesanas y artesanos limpian las hojas de chupón, una por una, con un paño grueso de mezclilla. Luego, con una peineta de madera con dientes de clavo van separando la hoja en hebras, que dejan secar al sol por hasta cuatro días. Si hay lluvia, las tiritas se cuelgan desde un cordel al lado de la cocina a leña para que reciban el calor.

 

3. Crear la soga y tejer la pilwa: Cuando la fibra está seca, las y los artesanos arman una soga torciendo las hebras finitas de chupón y/o pita en su color natural; cada una por separado para surtirse de una soga de chupón y otra de pita, o entrelazando ambas para conseguir una sola soga, matizada con ambos tonos de fibra. Cuando la soga es lo suficientemente resistente y su grosor uniforme, la van anudando entre sí hasta dar forma a la pilwa. Treinta metros de soga y cinco horas de tejido se requieren para terminar una pilwa.

 

¿Sabías que..?

Estos son algunos secretos de esta colección.

Wilal, la palabra elegida por la agrupación de artesanas Wilalfe Kay para esta colección significa “contenedor” en mapudungun. De ahí el nombre inicial que los tres diseños comparten (pilwa wilal), que traducido al castellano por sus autores, seis artesanas y dos artesanos, significa bolsa (pilwa) contenedora (wilal).  

La pilwa es una pieza ancestral, atemporal y sustentable. Característica del territorio mapuche lafkenche (del vocablo lafken, mar en mapudungun), desde tiempos ancestrales la pilwa ha sido utilizada para transportar alimentos. Así ocurrió antes, cuando en ellas se acarreaba la recolección de mariscos y la cosecha de papas, y así ocurrió después, cuando pese a la irrupción de la bolsa plástica la pilwa continuó siendo la bolsa más utilizada en las comunidades rurales de La Araucanía, preservando su carácter utilitario (como el transporte de fruta o pan) y adquiriendo uno contemporáneo (como prenda y accesorio). Por esencia ecológica -pues su fibra nace y se degrada en la tierra-, con la prohibición del uso de bolsas plásticas implementada desde 2018 la pilwa se ofrece como una opción sustentable y atemporal, que refleja la maestría de las artesanas y artesanos cesteros de Saavedra.

Esta colección está compuesta por siete pilwaA partir de tres diseños que la agrupación viene perfeccionando hace diez años (pilwa wilal tradicional, chaway y redonda), las y los autores de esta colección incorporaron cuatro versiones homónimas, pero más pequeñas, añadiendo en su nombre la palabra pichi (pequeño en mapudungun); pichi pilwa wilal tradicional, pichi pilwa wilal chaway y pichi pilwa wilal redonda. Adicionalmente, crearon una pilwa wilal redonda de tamaño mediano.

Dos fibras, dos colores. Al incorporarse la fibra vegetal de pita, las siete pilwa que componen esta colección son, a primera vista, bicolor. Así, en todas las piezas es posible identificar cuando el chupón y la pita fueron tejidos por separado, formando evidentes franjas de color, o cuando fueron entrelazadas previamente al tejido, otorgándole un tono matizado. 

Resistente y para toda la vida. A diferencia de otras fibras vegetales, como el mimbre o la manila con las que se tejen piezas rígidas y estructuradas de cestería -como canastos, individuales, llepu o pantallas de lámpara-, el chupón, al ser resistente pero también muy flexible, permite tejer una bolsa, cuyo uso necesita de ambas características por igual. Es en el torcido de las hebras donde radica el secreto mejor guardado de este oficio: si la soga está bien torcida, la pilwa puede resistir hasta veinte kilos sin cortarse. Si adicionalmente se mantiene siempre en un lugar templado, aseguran sus cultores, se puede estar seguro de que durará para toda la vida.

Para cuidar esta pieza… hay que evitar exponerla de forma permanente a la humedad. Para garantizar su durabilidad, lo ideal es guardarla en un compartimento o ambiente seco y templado.

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