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Arpillera

Al alero del Comité de Cooperación para la Paz, organización que fue el germen de la Vicaría de la Solidaridad, cientos de mujeres encontraron una forma de resistencia en el arte textil después del golpe de Estado de 1973. Arpilleras manufacturadas con telas y lanas en pequeños talleres formados en barrios, cárceles y centros de detención, donde plasmaban sentimientos, demandas y denuncias sobre el acontecer del país durante la dictadura.

Las primeras creaciones bordadas que le dieron renombre a este oficio fueron las de Violeta Parra, quien retrató su infancia, anhelos y temores en telas que llegaron a ser exhibidas en 1964 en el Musée des Arts Décoratifs de París. A partir de esa misma técnica, las Bordadoras de Isla Negra dieron forma a escenas de su vida cotidiana, como el mar y las flores que las rodeaban, y en 1969 llegaron al Museo Nacional de Bellas Artes. De esa expresión creativa, arraigada en las prácticas textiles domésticas, se nutrieron más tarde las arpilleristas; aunque con dos diferencias que resignificaron el oficio: la técnica del bordado dejó de ser preponderante para darle protagonismo a los retazos de telas y, más allá de los decorativo, las piezas asumieron un papel testimonial y de denuncia de hechos ignorados por la prensa.

Reunidas en talleres o en centros de detención, y utilizando el material a mano –deshilachando chalecos, cortando trozos de la ropa de sus propios familiares buscados–, madres, esposas, hermanas y detenidas daban forma a escenas simples, pero reales: pobreza, ollas comunes, desempleo, detenciones, tortura. 

Cada tela era un soporte permeable a sus sentires, que en pequeños formatos y de forma clandestina o por medio de la Vicaría de la Solidaridad, comenzaron a viajar al extranjero denunciando lo que ocurría en el país; convirtiéndose en símbolos de una resistencia pacífica que –al mismo tiempo– les permitían sustentar en parte sus hogares.

Con la llegada de la democracia en 1990, y con la Vicaría de la Solidaridad convertida ya en fundación, esta continuó apoyando a las artesanas autodidactas hasta 2011, cuando cerró sus puertas de manera definitiva. Sin embargo, la labor de representación, denuncia y lucha de las arpilleristas no cesó.

En 2012 las artesanas María Teresa Madariaga y Patricia Hidalgo, arpilleristas de Lo Hermida, fueron reconocidas por el Servicio Nacional del Patrimonio como Tesoros Humanos Vivos por su trayectoria en el oficio.

Desperdigadas en zonas campesinas del Maule o en las comunas de Peñalolén y Pudahuel, en la Región Metropolitana, fueron decenas de agrupaciones las que continuaron el oficio, retratando paisajes, expresiones culturales y demandas sociales vigentes a partir de telas y retazos reciclados; que hasta hoy consiguen en ferias o en la calle Independencia y que mezclan con coloridas lanas acrílicas y osnaburgo que “pintan” su manera de ver el mundo.

Antes de cortar las telas, la mayoría de las artesanas las plancha. Cuando están todas ya bien estiradas, sobreponen una al lado de la otra para ir seleccionando los trozos que utilizarán. Todo el dibujo está, principalmente, en su cabeza. Para las casas y los árboles, por ejemplo, telas amarillentas y verdes, que sobreponen unas con otras hasta configurar sus paisajes.

Para que no se desarmen sus diseños, hilvanan todo y luego comienzan a bordar con lana partida; utilizando un punto simple como el de pata de araña, que es más sencillo que el punto cruz, y similar al que se ocupa para hacer una basta. Cada individuo u objeto es un hilo, que cuando se entrecruza forman una trama de intención figurativa: un arte textil vigente que al mismo tiempo es una puerta de entrada a tiempos pasados y al presente.

Puedes conocer más de este oficio en el libro Arpilleras. Colección del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (2019) o en documental Periódico de tela (2007), dos recomendados del área de Cultura de Artesanías de Chile.

Fuentes bibliográficas: 
Para el desarrollo de este contenido fue consultado el catálogo Tejido social y arte textil. Compromiso político, con curaduría de Josefina de la Maza.

Retrato
Artesana Rosario Muñoz, de la Agrupación de Arpilleristas de Lo Hermida, fotografiada por Juan Queirolo. 

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