A cien kilómetros de Santiago, inmersa entre cordones de cerros de la Cordillera de la Costa, la tradicional localidad de Pomaire mantiene viva desde los siglos XVI y XVII una tradición alfarera cuyos orígenes, cuentan sus cultores, se remontan a un “pueblo indio”. Encomenderos, estancieros y hacendados de la época trasladaban a esos hombres de un territorio a otro. Y en cada pedazo de tierra que pisaban iban dejando la sabiduría de sus piezas: vasijas de greda de un particular tono café rojizo medio lustroso.