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Revista Digital

VIVE LA ARTESANÍA

Quedó la escoba

¿Qué sigue después de abandonar la bolsa de plástico? A ojos de Fundación Artesanías de Chile reemplazar un sinfín de objetos simples y cotidianos, por otros más sustentables, amigables con el medio ambiente y hechos por artesanos, como la clásica escoba chilena, hecha de ramas. Es parte de su campaña "Sí a las fibras vegetales, no al plástico”.



Chile es un pau00eds rico en fibras vegetales. Solo en la artesanu00eda se utilizan cerca de 30 variedades. u201cPor lo mismo, la cesteru00eda que tenemos es de gran riquezau201d, dice la historiadora Claudia Hurtado, directora de Fundaciu00f3n Artesanu00edas de Chile. u201cEso nos inspiru00f3, en este momento donde el plu00e1stico estu00e1 siendo erradicado por su impacto en el medio ambiente, a visibilizar de nuevo el patrimonio artesano hecho con fibras vegetales, que nacen de la tierra, son sustentables y sostenibles en el tiempo, y, como son biodegradables, mueren en ella. Por lo tanto, si el plu00e1stico tiene que ser reemplazado, no existe nada mu00e1s acorde que las fibras vegetales. Por eso queremos reincentivar su uso y tambiu00e9n buscar la forma de preservarlasu201d, dice.

Asu00ed, ante la prohibiciu00f3n por ley del uso de bolsas plu00e1sticas en el comercio de todo Chile, el primer paso de Artesanu00edas de Chile para rescatar el patrimonio artesanal chileno elaborado con fibras vegetales fue hacer un llamado para volver a usar, en el du00eda a du00eda, la pilwa, la bolsa tradicional mapuche confeccionada por artesanos con hojas de chupu00f3n, la planta silvestre que crece en los alrededores del lago Budi, en La Araucanu00eda. Ahora es el turno de la escoba.

u201cNosotros queremos hablar de la artesanu00eda desde el territorio: difundir los oficios artesanos explicando que estos nacen y se desarrollan en un determinado lugar porque allu00ed se dan ciertas materias primas endu00e9micas que los artesanos reconocen, luego recolectan, procesan segu00fan el clima y las exigencias de la naturaleza, y transforman con sus manos, creando piezas utilitarias y otras veces decorativas, siempre cargadas de sentido y tradiciu00f3n. Cuando uno entiende eso, es capaz de ver que una escoba de fbra vegetal no sirve solo para barrer, sino que tambiu00e9n la puedes tener como una pieza decorativa, porque, segu00fan de du00f3nde es, te habla de un lugar, de sus recursos naturales, de sus artesanos y de un oficiou201d.

ESCOBA DE CURAHUILLA
La clu00e1sica de la zona central

El artesano Jaime Jara, oriundo de Pichidegua, VI Regiu00f3n, tenu00eda 16 au00f1os cuando entru00f3 a la fu00e1brica de escobas que tenu00eda el marido de su hermana en Pelequu00e9n. u201cEse du00eda dije u2018Quiero aprender y dedicarme a estou2019u201d, recuerda, mientras toma unas varas de curahuilla, una gramu00ednea parecida al mau00edz que abunda en la zona central, y las va atando a un palo con un alambre trenzado. Jara es uno de los pocos artesanos de la zona que sigue haciendo escobas de curahuilla, la que muchos llaman u201cla tu00edpica escoba del campo chilenou201d. Al du00eda, asegura, puede hacer fu00e1cilmente unas 80. Tiene dos modelos: una que va con dos corridas de costura azul y rojo y que u00e9l llama u201cla escoba chilenau201d. La otra, en vez de costura lleva alambres. A esa la llama u201cescoba de campou201d. Pero solo de la chilena tiene en varios tamau00f1o: la clu00e1sica grande, pero tambiu00e9n miniatura -para barrer las chimeneas- y una mediana, que suelen comprarle para niu00f1os. Jara es de los artesanos que estu00e1 encima de todo el proceso: cerca de la casa donde vive tiene un pedazo de tierra donde tiene la plantaciu00f3n de curahuilla que cosecha en el verano. Luego, divide las varas en tres tramos: uno largo, u201cla cau00f1au201d, sobre la que luego pone el u201crecorteu201d, una rama secundaria que va al centro, y termina con la u201chebrau201d, con la que cubre el hombro de la escoba. La costura final la hace u00e9l mismo, a mano, con una enorme aguja punta roma. Jara es de los escoberos que estu00e1 obstinado con mantener viva la tradiciu00f3n: una vez que tiene sufcientes escobas, las sube a su camiu00f3n y parte por dos o tres meses de viaje: primero hasta La Serena; luego parte al sur, hasta llegar a Chilou00e9, para vender sus escobas pueblo por pueblo.

CHAPILCA
La escoba del monte

En Chapilca, la localidad rural ubicada en la precordillera, al interior de Vicuu00f1a, regiu00f3n de Coquimbo, el 80% de las familias son artesanos textiles y conservan viva la tradiciu00f3n del telar parado, un oficio antiquu00edsimo que han traspasado de generaciu00f3n en generaciu00f3n. Como es una zona rural, los patios de las casas suelen ser grandes y estar llenos de u00e1rboles que botan hojas todo el au00f1o. Por eso, dicen, desde que los chapilcanos tienen memoria, en la localidad acostumbran hacer escobas con arbustos. u201cAcu00e1 antiguamente, como todo era tierra, lo mejor para barrera eran las escobas que se hacu00edan con las ramas de arbustos frmes, que abundan por acu00e1: con ellas se barre mu00e1s ru00e1pido, arrastras solo las hojas y no levantas tanta tierrau201d, cuenta la artesana Makarena Urrutia u00c1lvarez, quien a sus 36 au00f1os tambiu00e9n hace escobas. u201cu00bfCu00f3mo aprendu00ed a hacerlas? Como aprendemos los artesanos: observando. Uno creciu00f3 viendo eso, entonces es fu00e1cilu201d, dice. En armar una escoba, cuenta, los artesanos se demoran poco rato: solo necesitan conseguir alguno de los arbustos que abundan en la localidad: canchalahue, molle o romero de tierra. El mejor de todos para barrer, asegura Makarena, es el canchalahue, un arbusto firme y duro, parecido a un arbolito de Navidad, pero pequeu00f1o. Como se da se da solo en algunas u00e9pocas del au00f1o, cuando no encuentran, los artesanos arman escobas con molle, otro arbusto de ramas firmes. Y la tercera opciu00f3n es usar ramas de Romero de tierra, u201cque no es el mismo que se utiliza para cocinar, sino que es el que las artesanas usamos para teu00f1ir la lana con la que hacemos nuestros telaresu201d, explica Makarena. Como los arbustos tienen que buscarlos entre la precordillera, la gente de Chapilca suele decir que las suyas son u201cescobas del monteu201d. Su vida u00fatil suele ser de una semana. Durante esos siete du00edas, la costumbre es, al final del du00eda, sumergir las ramas de la escoba en una acequia para que se limpie con el correr del agua. u201cEn la noche se sacan para dejarlas estilando y asu00ed se pueden usar al otro du00edau201d, explica Makarena. Tener una escoba de este tipo es una joya, porque los artesanos de la zona no las venden: son escobas que los artesanos hacen para su propia casa.i

ESCOBA HECHA A MEDIDA

nChapilca es un ejemplo denlocalidad rural donde es tradiciu00f3nnque la comunidad haga sus propiasnescobas: cada persona se hacenuna a su medida. Algo que senrepite en muchas localidadesnrurales a lo largo de Chile.

QUILINEJA
La escoba chilota
La quilineja es una enredadera endu00e9mica de Chilou00e9, que solu00eda abundar en los bosques nativos del archipiu00e9algo, y con la cual los artesanos cesteros confeccionan, ademu00e1s de canastos, uno de los su00edmbolos patrimoniales de la isla: la escoba quilineja. El artesano Renu00e9 Valderas, quien vive en la Isla Caucahuu00e9 -que pertenece a la comuna de Quemchi-, a sus 60 au00f1os es uno de los escoberos que sigue con la tradiciu00f3n: lleva 40 au00f1os haciendo escobas de quilineja. Aprendiu00f3 observando a su papu00e1 y sus tu00edos: u201cTodos eran escoberosu201d, dice. Claro que antes, cuando la quilineja no escaseaba como hoy, dice que no tenu00eda que ir tan lejos para recolectarla. Ahora cada cierto tiempo, sobre todo en el verano, parte en su camioneta y recorre 3 horas hasta llegar a un sector de bosque nativo donde tiene una pequeu00f1a  cabau00f1a. Renu00e9 suele quedarse ahu00ed una semana: durante esos siete du00edas dice que se levanta temprano y parte a caminar cuatro o cinco horas buscando quilineja enredada en los troncos de enormes lumas, ulmos, tepas y canelos. Es en esos u00e1rboles donde esta fibra se da gruesa, y es esa la que sirve para las escobas. Renu00e9 dice que como ya lleva du00e9cadas en este cuento, sabe reconocer ru00e1pidamente cuu00e1ndo la quilineja estu00e1 madura: eso es clave, dice, para preservar esta enredadera -hoy en peligro de extinciu00f3n- que demora 5 o 6 au00f1os en reproducirse. Recolectarla, explica Renu00e9, es trabajoso u201cporque es harto dura, entonces requiere mucha fuerza de brazosu201d. u201cYo voy tirando la quilineja desde la base del u00e1rbol y la voy cortando y desenredando con la mano. Con un palito la despego y al final la corto con un macheteu201d, dice. Cada tira suele medir de 4 a 7 metros. De vuelta en su casa, la deja secar y cuando ya tiene todo el material para la escoba -la quilineja, el palo (que suele ser de pello-pello, un arbusto que abunda en Chilou00e9) y el alambre para atar la escoba- se entrega a fabricar. Es una bala: u201cAl du00eda me hago 100 escobasu201d, dice, que duran por lo general -y despuu00e9s de harto uso- unos dos meses. u201cPara limpiar alfombras gruesas son ideales. Porque sacan toda la pelusau201d.

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