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Revista Digital

VIVE LA ARTESANÍA

Chapilca: tras el tesoro artesanal del Valle del Elqui

Chapilca es un pueblo que se caracteriza por su gran riqueza artesanal. En él habita uno de los pocos grupo de mujeres que continúa tejiendo en el telar palo planta´o. Un telar que conserva la tradición mestiza en la que se mezclan técnicas precolombinas con españolas y que pese a su complejidad, ellas aún mantienen vivo.

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Si bien el Valle del Elqui tiene un gran atractivo turístico por sus cielos estrellados, su tradición pisquera o por ser la localidad natal de la gran poeta Gabriela Mistral, pocos conocen un tesoro que se esconde entre sus grandes y rocosas montañas. Es en Chapilca, un pueblo ubicado a casi 30 km de Vicuña, el lugar en el que viven las últimas artesanas del Norte Chico que tejen en el telar palo planta´o, una tradición artesanal mestiza que data de aproximadamente 200 años. Este tipo de telar es tan grande que como no cabe dentro de sus casas, lo plantan en el piso de tierra, en el patio exterior y es gracias a su tamaño que son capaces de tejer grandes alfombras, pieceras, bajadas de cama y otros textiles, a través de los cuales mantienen vivo este oficio.

La tradición comenzó con los arrieros de esta localidad, quienes al llevar el ganado a la montaña necesitaban abrigo para protegerse del fuerte viento que corre en las noches, para lo cual las artesanas les tejían frazadas, jergones y ponchos, como también alforjas y peleros para llevar en el caballo.

Actualmente, quienes se han preocupado de que este oficio tradicional no se pierda dentro de los valles transversales del Norte Chico, son las integrantes de la agrupación Centro Artesanal de Chapilca, que reúne a tejedoras, hilanderas y un hilandero, quienes se han capacitado a través de un programa que realiza la Fundación Artesanías de Chile, junto a la Subsecretaría del Trabajo, para mejorar sus procesos y lograr mayor visibilidad dentro de la zona.

Alicia Aguirre es la mujer que lleva más tiempo siendo parte de esta agrupación que se fundó en 1968. Ella aprendió de su madre, observándola tejer y ayudándola a formar los ovillos de lana de oveja. Luego desde los 15 años comenzó a realizar sus propias piezas y no ha dejado de tejer hasta hoy. Así como Alicia, Mercedes Álvarez también es tejedora de Chapilca. Lleva 40 años realizando el oficio, el cual significa un largo proceso que consiste primero en el hilado de la lana, luego el torcido de los hilos y aspado, es decir, el proceso a través del cual se ordenan los hilos de tal manera que se construye una madeja que ayuda a que sea más fácil lavarla y teñirla. Para el teñido las artesanas de esta agrupación usan tintes químicos creando textiles de vibrantes colores, muy característicos de esta zona, como también tonos naturales que logran utilizando plantas como la mollaca, un arbusto típico del sector, hojas de cebolla, romero y cáscara de nuez. “Hay algunos que les gusta el color natural que refleja los tonos del paisaje, y hay otros que prefieren los colores fuertes con anilina. Por eso siempre tenemos toda la oferta”, explica Mercedes.

En Chapilca, las mujeres se dedican principalmente a las labores del hogar y la artesanía. Al tejer en un telar tan grande, este es uno de los pocos lugares en Chile donde se pueden encontrar textiles de hasta seis metros de largo. El trabajo es largo y de mucho tiempo, ya que lograr este tipo de piezas puede tomarles hasta tres meses, desde el hilado hasta el tejido.

El telar es además de una complejidad mayor. A diferencia de otros en los que solo se necesitan las manos para ir dando forma al textil, el de Chapilca es un telar con pedales, los cuales se van pisando para avanzar en la trama y lo realizan siempre de pie. “Es muy cansador. Por eso se trabaja un par de horas cada día”, cuenta Alicia. “El telar no lo hemos cambiado ni lo vamos a cambiar, porque no importa que sea difícil, no importa que nos cueste, pero ya nadie más lo hace”, asegura.

Antes de empezar a tejer repiten como un mantra la frase esto se hace en el nombre de Dios y de esta forma confían que será él quien les dará las ganas y fuerzas de trabajar. Luego prenden la radio para tener música que las acompañe. “Echamos nuestras cantaditas de repente”, dice Mercedes, quien al tejer se relaja al punto de olvidarse de todas sus preocupaciones.

 

 

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