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Revista Digital

VIVE LA ARTESANÍA

La Cocina Colonial en cobre de Jorge Monares

Tenía 20 años cuando, de la mano de su padre, este artesano se enamoró del trabajo en cobre. Desde entonces han pasado más de 40 años en los cuales se ha dedicado a deducir -mediante ensayo y error- cómo se hacían las piezas de cobre en tiempos de la Colonia: por medio de la forja.
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“Hasta la Colonia, en Chile las cocinas eran puro barro. Pero ahí apareció el trabajo en cobre y se convirtió en materia prima de ollas, calderos y pailas”, comenta el artesano en cobre Jorge Monares, sentado en su pequeño taller ubicado al fondo de su casa en la comuna de Estación Central. Desde hace 40 años viene estudiando con inusitada pasión esas piezas: por medio de la observación, revisando los pocos libros que ha encontrado del tema y visitando museos donde solo puede ver las piezas a través de las vitrinas -sin tocarlas-, ha ido deduciendo con qué tipo de herramientas y materiales los hombres del pasado trabajaban el cobre, hasta desarrollar intuitivamente una técnica de forma de la cual es el único artesano en Chile. “Al ser un excelente conductor de calor, el cobre permitía elaborar recetas de cocción lenta y laboriosa, como lo exigía buena parte del recetario chileno”, sigue. “Pero de esas ollas hoy día poco queda. Chile es un país productor de cobre, pero no utiliza cobre en su casa, en el día a día. Aunque hubo una época donde sí era parte de las cocinas”, dice mientras mueve sus manos marcadas por las huellas que ha ido dejando el proceso del forjado.

Por eso, con el fin de relevar y difundir la maestría de su trabajo, en septiembre de 2021 Artesanías de Chile junto a Monares montaron una Cocina Colonial en el espacio de la fundación ubicado en Centro Cultural de La Moneda, donde se mantendrá hasta marzo de 2022. Paralelo a la muestra, las piezas se pueden comprar y/o encargar a través de la tienda online www.artesaniasdechile.cl.

“En ese tiempo había olletas con orejas que las colgaban en trípodes, tipo triángulo indio”, explica Jorge”.

En cada pieza Jorge se demora, a lo menos tres semanas. Todo parte con la compra de una plancha de cobre de dos metros por sesenta centímetros y de 1 o 1,25 mm de espesor. Entonces empieza a calentar la plancha. Con un soplete va calentando el cobre hasta que queda rojo. Y empieza a martillar sobre una superficie. A eso se le llama forja. Una técnica de forja que fue desarrollando de manera intuitiva, él mismo. “Con el tiempo me di cuenta de que soy el único artesano que lo hace así”, asegura. “El único lugar donde he encontrado que lo hacen de manera parecida es en Europa.
Y eso lo sé porque paso buscando videos en Youtube”.

De todas maneras, dice, los artesanos que ha visto en redes usan unas herramientas distintas. Un soporte que entierran en un tronco. O trabajan sobre una superficie metálica “y eso daña el cobre”, asegura. “Trabajan con martillo maleta, en vez de uno que es redondo como el que uso yo y que no es tan agresivo. Además, la madera -que es la base donde trabajo yo- amortigua el golpe y eso hace que el cobre no se vea tan exigido”.

Las piezas que realiza están pensadas no para mera decoración, sino que justamente para usarlas a la hora de cocinar. “Antes de usar cualquier pieza de cobre para elaborar una receta hay que lavar la pieza (con detergente, con agua) para evitar que la comida tome un sabor ácido”, dice. “De ahí en adelante, son eternas”.

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