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Revista Digital

VIVE LA ARTESANÍA

Tañi Mapu

Tañi Mapu -“De mi tierra” en mapudungun- es una colección de lámparas y contenedores lanzada en julio de 2021 por Artesanías de Chile, resultado del trabajo colaborativo entre su Área de Desarrollo de Nuevos Productos y artesanas de la agrupación Ñocha Malen, que trabajan con maestría la fibra de ñocha en la localidad de Huentelolén, comuna de Cañete.
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El oficio cestero en la fibra vegetal, uno de los más antiguos de los que se tiene registro, tiene grandes exponentes en el pueblo mapuche, donde se viene desarrollando desde tiempos ancestrales. En su origen su fin eras utilitario, es decir, resolver necesidades de la vida diaria; la más básica: construir un contenedor donde guardar o acarrear alimentos. Así, en tiempos de la Colonia, cuando empieza a generarse el intercambio comercial, la cestería se convirtió en el sustento económico de familias indígenas.

Ese fenómeno también ocurrió en Huentelolén, la localidad ubicada en las cercanías de Cañete, en la Región del Biobío, donde las mujeres realizaban cestería con ñocha, fibra vegetal endémica de esa zona. Históricamente las piezas que creaban eran de formas simples y monocromáticas, reflejo del color propio de la fibra vegetal, entre ellos canastos, contenedores de alimentos o fuentes para limpiar granos como el tradicional llepu. Sin embargo, el paso de los años y el desarrollo del turismo en la región -que buscaba sus piezas con fines más bien decorativos-, fue generando que las artesanas empezaran a innovar en formas y aplicación de colores. Ese contacto con lo moderno y también el vínculo cada vez más fuerte y fácil con referentes a través de internet, si bien les permitió generar ventas e ingresos, fue desdibujando la raíz tradicional de su artesanía.

Partiendo de esa base, y con el fin de rescatar y fomentar el oficio ancestral mapuche propio de la zona de Huentelolén, en 2020 el área de Diseño y Desarrollo de Productos de Artesanías de Chile comenzó un trabajo colaborativo con la agrupación de artesanas cesteras Ñocha Malen -en mapudungún “mujeres de ñocha”-. Por medio de una serie de sesiones de capacitación realizadas en la zona, las artesanas fueron haciendo un ejercicio de memoria: recapitulando cuáles eran los diseños antiguos, las formas más tradicionales que se habían perdido. Revisaron piezas patrimoniales que hoy albergan emblemáticos espacios de conservación como el Museo Mapuche de Cañete y del Archivo de Patrimonio de la Universidad Católica, así, en conjunto con el equipo de la fundación dieron vida a una inédita familia de piezas, compuestas por lámparas y contenedores de ñocha que incorporan diseños contemporáneos. En todo el proceso fueron acompañadas por la diseñadora Paula Corrales, una de las creadoras de la marca Lamps from Chile, quien tiene amplia experiencia en el desarrollo de lámparas y el trabajo con artesanas.

Incorporando nuevas técnicas a la tradicional aduja, se incorporaron innovaciones técnicas en el tejido, como el calado, que en el caso de las lámparas permite que la luz se traspase las pantallas, difuminándose por el espacio. Otra de las innovaciones está en la incorporación de color al diseño de sus piezas.

Descarga el catálogo de la colección AQUÍ y encuentra las piezas de esta colección AQUÍ.

El proceso productivo detrás de la ñocha

El trabajo en ñocha ha sido desde siempre trabajoso: el primer paso es cosechar la fibra que antiguamente iban a buscar “al monte”, como llaman las artesanas al bosque nativo que rodea su territorio. Eso hasta que hace algunos años montaran invernaderos al costado de sus casas. La recolección se hace solo en días de luna menguante. De lo contrario, dice la creencia, a la hora de tejer la fibra esta se corta. El paso siguiente es preparar un fondo con lejía: una mezcla de agua con cenizas que ablanda y aclara las hojas frescas, que luego son puestas a secar al sol. Llegado el minuto de tejer, las artesanas serenean la ñocha: la dejan a la intemperie, bajo el rocío, para que tome color y se ponga flexible. Entonces la cortan y agrupan en tientos y comienzan a tejer con ella. Todo parte con una aduja: un pequeño espiral que se forma tomando un atado de otra fibra blanda -amófila, paja blanca o coirón- que se va embarrilando con ñocha.

 

Ñocha Malen: las artesanas detrás de la colección Tañi Mapu

 Cecilia Millanao

A los 14 años salió de su casa en Huentelolén para trabajar como empleada doméstica. El destino quiso que llegara a una casa donde su patrona suiza le ayudó a formarse y al final de sus días le legó su patrimonio. En el camino, decidida a recuperar parte de su cultura, Cecilia tomó clases de mapudungun. Y tiempo después volvió a su tierra, Huentelolén, donde tiene su casa y, en el jardín, un sombreadero de ñocha y sembradíos de papas.

 

Fabiola Millanao

Nacida y criada en Huentelolén, Fabiola es una de las artesanas más jóvenes que integran Ñocha Malen. Aprendió observando en su casa, rodeada de mujeres dedicadas a la cestería. Tras sufrir un accidente cerebrovascular en 2020 y tomarse a pecho su recuperación, hoy está de vuelta creando piezas de ñocha.

 Rosa Hualquiñir

Celebrada por sus llepus de diseño único, Rosa tenía 14 años cuando compró un canasto de ñocha para estudiar cómo estaba hecho. De forma autodidacta, mirando, empezó a tejer. Terminó enseñándole incluso a su mamá. 

 María Hortensia Millanao

Como en la mayoría de los casos, heredó el oficio de artesana de su mamá. “Ella trabajaba harto, porque el tejido a telar y la ñocha eran la única manera de hacer dinero para sostener la casa”, comenta. Antes de contar con un invernadero de fibra en su casa, iba “al monte” a buscar la ñocha. “Con mi papá subíamos en carreta con bueyes a la medianoche para llegar arriba en la mañana. Ahí nos metíamos en las quebradas hondas a recolectar la ñocha. Era un trabajo muy pesado y difícil”, dice.

 María Inés Aniñir

En su terreno de Huentelolén está la sede donde las Ñocha Malen se reúnen a tejer. Para Ana María, su mundo ha sido siempre este. Nació, se crió, se casó, vio crecer a sus cinco hijos y aprendió a tejer la ñocha en su tierra. Fue una tía, cuñada de su papá, quien le enseñó el oficio de la cestería “Ella me enseñó y yo a mis hijos. Las cuatro hijas aprendieron, pero solo una, la María Cecilia (Millanao), le tomó interés”.

 Ana María Aniñir

Como todas las mujeres de Ñocha Malen, que se multiplican entre la casa y el huerto, la aguja y el arado, la cocina y el tejido, Ana María trabaja duro en el oficio que aprendió sentada al lado de su abuela, a los 8 años. Entre las Ñocha Malen es reconocida por su uso del color a la hora de diseñar sus piezas.

 Delia Maliqueo

Además de cuidar su huerta, donde crecen enormes zapallos italianos, además de tomates, lechugas y otro sinfín de hortalizas, Delia pasa las tardes dedicada a crear piezas en ñocha. “Me gusta atreverme a hacer piezas de diseños nuevos, crear en el camino”, dice.

 Adonia Mallqueo

Vive en el mismo terreno que su hermana Delia y juntas trabajan la cestería en ñocha. Juntas buscan referencias antiguas para realizar piezas que rescaten la tradición propia de la zona donde viven, en la comuna de Cañete. 

 Juana Maribur

Dueña de una fuerte personalidad y de gran seguridad en sí misma, Juana Maribur ha ganado el Sello de Excelencia a la Artesanía y en 2017 estuvo en París representando a su agrupación en Bienal Revelations, una de las muestras de artesanía más importantes del mundo. “Yo soy capa”, dice. “Lo que me manden a hacer, lo hago, y bien hecho. Me siento capaz de grandes cosas”.

 Andrea Riffo

Para seguir dando vida a la artesanía en ñocha, las Ñocha Malen sumaron a su agrupación a una nueva integrante: Andrea Riffo, quien aprendió el oficio mirando a sus tías, las hermanas Gloria y Juana Maribur. En 2019 obtuvo Mención Honrosa en el Sello de Excelencia a la Artesanía. 

 Gloria Maribur

Hermana de Juana Maribur, de niña Gloria soñaba con ser, de profesión, profesora. “Pero cuando repaso mi vida siento que el trabajo que hoy tengo con mi hermana, la artesanía, es mejor que cualquier profesión. Nosotras somos artesanas y trabajamos de manera libre, sin jefes, sin horarios. Somos dueñas de lo nuestro”.

 Mariela Maribur

Previo a ganar el Sello de Excelencia a la Artesanía en 2013, Mariela pensó en dejar para siempre el oficio de la cestería. Atravesaba por un momento complejo a nivel personal y estaba decepcionada de lo poco que se pagaba por el trabajo de artesana. El reconocimiento marcó un giro en su vida. De hecho, hoy su marido trabaja con ella. “Para mí trabajar la ñocha es una experiencia linda y lo que más me gusta es hacer cosas nuevas, que destaquen y llamen la atención”.

 Cristina Cofre

Aprendió a tejer la ñocha mirando a sus papás, cuando era niña. Partió haciendo piezas pequeñas, luego medianas hasta que se atrevió a crear piezas grandes. De hecho, es conocida por ser “especialista en grandes canastos”. Reflejo de esa pasión es la lámpara Olla, que forma parte de la colección Tañi Mapu, inspirada en un enorme fondo que antiguamente utilizaban las familias mapuche para hacer cocimientos en el fogón.

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