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Colección

Colchanderas

Colección Colchanderas es una serie de carteras que rescatan la tradición artesanal de la zona central de Chile con guiños contemporáneos, desarrollada por artesanas del Valle del Itata en colaboración con el área de Diseño de Nuevos Productos de Fundación Artesanías de Chile.

¿Por qué una colección de bolsos hechos con paja de trigo?

Chile es un país rico en fibras vegetales. Al menos 28 de ellas son utilizadas para hacer cestería, como la paja de trigo que crece en los valles de la zona central. Es la materia prima que ocupan las artesanas de la agrupación “Colchanderas del Itata” -en la Región de Ñuble- quienes, herederas de una tradición que se mantiene desde hace dos siglos, se dedican a tejer largas trenzas de paja llamadas cuelchas, que tradicionalmente son utilizadas por los chupalleros, quienes las cosen para dar forma a la tradicional chupalla de Ninhue. Pero fuera de hacer la cuelcha para proveer de ella a los artesanos hombres, las colchanderas del Itata hasta hace poco tiempo no creaban sus propias piezas, historia que, de la mano de la Fundación Artesanías de Chile, está tomando un nuevo curso. Porque luego de dos años de trabajo en conjunto con el área de Diseño de Nuevos Productos de Fundación Artesanías de Chile, las artesanas de la zona han comenzado a trabajar piezas de su propia autoría. Resultado de ese trabajo virtuoso nace Colección Colchanderas, una serie de carteras -pequeñas, medianas y de gran formato- que rescatan la tradición artesanal de la zona central de Chile con guiños contemporáneos.

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Resguardar la materia prima

La paja que trenzan las colchanderas no es cualquier paja de trigo: son variedades de trigo local que se producen en el secano del Valle del Itata y que se caracterizan por ser flexibles, resistentes y altas. De hecho, en años lluviosos estas pueden llegar a medir más de un metro y medio de alto. La cosecha se realiza a mano, exige mucho cuidado, y son las colchanderas quienes se preocupan de separar la sección del tallo que luego usan en sus finas artesanías. Sin embargo, debido a las largas horas de trabajo que involucra la cosecha y el tejido y su -hasta hace poco- mínima valoración económica, ha generado que cada vez menos agricultores produzcan las variedades especiales de trigo que se necesitan para esta artesanía, lo que se ha vuelto un problema para las artesanas y artesanos que trabajan con ella.

Por ello, para poner en valor este valioso oficio y generar conciencia acerca de la necesidad de mantener vivas las tradiciones artesanas del país -acción que requiere dar a conocer los problemas de acceso a las materias primas-, Artesanías de Chile está impulsando la campaña Sí a las fibras vegetales, que busca hacer un llamado de atención sobre la urgencia de cuidarlas y de promover los productos creados con ellas.

AGRUPACIÓN COLCHANDERAS DE ITATA

14 mujeres y un hombre forman esta agrupación que preserva el oficio del trenzado de paja de trigo en la Región de Ñuble. Las mujeres utilizan desde tres a dieciocho pajas de trigo para trenzar la cuelcha. El paso siguiente es pedirle a Bernardo, un joven chupallero experto en trabajar la fibra en máquina de coser, que le dé forma a las piezas según lo que las artesanas buscan crear, entre ellas estas carteras.

Conoce a las artesanas detrás de Colección Colchanderas:

Sara Villanueva
Es la única hija, entre nueve hermanos, que siguió con la tradición familiar cestera. Orgullosa reconoce que es el gran legado que le dejó su madre. Desde los 5 años Sara trenza la paja de trigo, y hoy a sus 60 es tanto su dominio que puede hacerlo sin mirar. Con sus manos teje y teje mientras escuchar la radio y da forma a largas cuelchas que va amontonando en el piso. El trigo que utiliza para tejer lo siembra su marido en una loma ubicada a pasos de su casa. Ella misma cosecha en los veranos, para luego dedicarse a tejer durante el año.  

Pabla Palma
Pabla es vecina de Sara Villanueva. Ambas viven en el sector de Coyanco, comuna de Ninhue. Desde los 7 años empezó a “jugar con las pajas”, observando a su mamá tejer y a sus hermanos hacer las chupallas que luego vendían en el mercado de Chillán. El oficio ha estado siempre presente en su familia. Hoy su marido y sus tres hijas la ayudan a colchar. De hecho, dice con orgullo que si hoy sus hijas son profesionales fue gracias a la venta de las piezas que creaban con paja de trigo. Pabla cosecha la paja de trigo que crece frente a su casa y, además de realizar el largo y cuidadoso proceso de prepararla para tejerla, la tiñe utilizando tintes vegetales: coloca la fibra en agua hirviendo y en el mismo recipiente la mezcla con hierbas que crecen en los alrededores o con hojas eucaliptus. Luego la lava, la deja secar y entonces la guarda en un galpón, para siempre contar con materia prima que le permita tejer en sus tiempos libres. 

María Brito
María es la primera integrante de su familia que se dedica a la artesanía. Al contrario de sus vecinas, no fue su madre ni su abuela quien le traspasó la antigua tradición de la zona, sino una vecina de Ninhue. Dice que de solo observarla aprendió a tejer la paja de trigo. La cuelcha llegó a su vida en un momento de gran necesidad: recién había sido madre sola y necesitaba sacar adelante a su familia. Hoy lleva 40 años dando forma a la cuelcha y junto a su hija, que también es colchandera, realizan talleres para enseñarles a grandes y chicos cómo se trenza la paja de trigo.

Rosa Domínguez
La historia de Rosa con la cuelcha es una historia de amor. Junto a su marido, el chupallero Ovidio Parra, llevan 30 años de matrimonio en los que el oficio de trenzar la paja de trigo y coserla, ha sido parte fundamental de su relación. Ambos vienen de familias artesanas y desde pequeños aprendieron el oficio observando a sus padres. 

Marcela Parra
Desde que nació, Marcela ha crecido entre cuelchas y chupallas. Hija de la colchandera Rosa Domínguez y el chupallero Ovidio Parra, se inició en el oficio desde pequeña, ayudando a sus padres en detalles propios del proceso como estirar la cuelcha o decorar con cintas las chupallas. Orgullosa de la herencia de sus padres, ha seguido los pasos de su madre trenzando la cuelcha y desde hace poco se ha animado por aprender a coser como su padre. 

Paula Caro
Entre campos de trigo está la casa de Paula Caro, artesana que lleva más de 60 años colchando. Recuerda que desde niña observaba curiosa cómo sus abuelas tejían la paja de trigo. El momento más emocionante era sostener un extremo de la cuelcha y mirar cómo las manos de su abuela iban trenzando la paja. Así, de tanto observar aprendió el oficio al que se dedica todas las noches, mientras en el día realiza las labores de la casa y el campo. “Mis manos guardan la memoria del oficio”, dice.

Rosa Vera
Cuando tenía 8 años, imitando a su abuela, comenzó a realizar cuelchas de cuatro pajas de trigo. Ya a sus 9, los chupalleros le compraban sus cuelchas, hechas con siete pajas. A los 12 años podía quedarse hasta las 2 de la mañana trenzando la paja de trigo con su madre hasta lograr 60 metros de cuelcha. Hoy ya lleva más de 50 años como artesana y junto a su marido realizan todo el proceso juntos: él se preocupa de cortar la paja de trigo y limpiarla, para luego trenzarla. 

María Angélica Ponce
Si algo une a la familia Ponce es la cuelcha. Su padre Arturo Ponce, chupallero, y su madre Berta Barrera, colchandera, supieron traspasar el oficio a sus 11 hijos, hombres y mujeres que hasta el día de hoy se juntan a trenzar la paja de trigo. Fue el mayor de sus hermanos quien le enseñó el oficio a María Angélica, artesana que comenzó desde los 7 años trenzando de a siete pajas de trigo. “Hoy, cuando me visitan mis hermanos les dicen a sus hijas que con la cuelcha nosotros comíamos pan”, cuenta María Angélica.

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