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Cestería de Isla Llingua

En Llingua, una isla del archipiélago de Chiloé que corresponde a la comuna de Quinchao, el oficio de la cestería ha existido desde que sus cultores tienen recuerdo. De abuelas y madres aprendieron a cultivar la manila (Phormium Tenax), una planta introducida desde Oceanía, que solía utilizarse para cerrar sacos de papas. Y con sus manos recolectan el chupón (Greigia sphacelata), una planta nativa que crece en el monte, a orillas del mar, a partir de las cuales tejen piezas tradicionales y utilitarias, y cestería ornamental inspirada en los seres mitológicos de la isla. 

Todo comenzó en la década del setenta, cuando el médico e investigador Bernardo Quintana viajó a la isla para reencontrarse con la familia de su madre, llevando consigo un libro de su autoría; Chiloé mitológico. Mitos – Pájaros agoreros – Ceremonias Mágicas de la provincia de Chiloé. El texto fue a dar a manos de Deifilia, la menor del clan Mansilla Miranda, compuesto por sus hermanas Carolina, Noemí, Ninfa, Deifilia, y su hermano Pedro más su esposa Betty Molina.

Siguiendo los pasos de Carolina, la mayor, todas las hermanas Mansilla Miranda asistieron al Instituto de Educación Rural (IER) de Ancud. Allí intercambiaron conocimientos con la comunidad y aprendieron a utilizar los recursos naturales de la isla como la manila y el chupón, pero pese a que habían oído toda una vida sobre seres mitológicos, nunca los habían visto. Fue a partir de las imágenes del libro de Quintana, y utilizando solo fibra vegetal, que comenzaron a crear sus primeras figuras mitológicas. Como el Trauco y el Brujo, que vendían junto a canastos ralos y trenzados, costureros y paneras en centros de madres organizados por la Fundación Cema Chile. En ese entonces, el investigador y folclorista chileno Amador Cárdenas fue clave para dar una proyección comercial a las piezas.

De eso han pasado cuarenta años ya, en los que la forma de hacer artesanía del clan Mansilla Miranda ha cambiado poco. La manila la cultivan en sus huertos y la recolectan solo con luna menguante, para evitar que se quiebre por la mitad. Del chupón extraen solo lo necesario, las hojas más verdes y tiernas, para luego enrollarlas en paquetes que echan a cocer en un caldero hasta que se ablanden. A diferencia de la manila, que dejan secar al calor de la cocina, las hojas de chupón se sacan a blanquear por algunos días a la intemperie.

Ambas fibras deben humedecerse antes de ser tejidas, pero cada cual, según la técnica, cumple su función. En la técnica de aduja, por ejemplo, también conocida como costurado, acordonado o acordelado, con la manila se construye el cordón espiral de la pieza; mientras que el chupón se utiliza como fibra de enlace. Si lo que se quiere es obtener fibras más finas, entonces, el chupón se deshilacha hasta conseguir una hebra tan delgada que pueda configurar el rostro y el cuerpo de los seres mitológicos de la isla. Hablamos, entre otros, del Tentenvilu y Coicoivilu, el Gallo Basilisco, el Invunche, La Pincoya, la Condená, el Caballo Marino y el Caleuche.

A partir del trabajo de las hermanas Mansilla Miranda, en 1999 surge La Ballena Dormida, una agrupación de mujeres artesanas de Isla Llingua, cuyas piezas cesteras tradicionales, utilitarias y ornamentales son vendidas principalmente a Artesanías de Chile. 

Fuentes bibliográficas
Para la elaboración de este contenido fue consultada la publicación Seres mitológicos de la Colección Cestería de Chiloé del Museo Regional de Ancud.

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