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Cestería de Hualqui

Veinticuatro kilómetros al sureste de Concepción, en la localidad de Hualqui, sobre la ribera norte del río Biobío, unas pocas familias artesanas aún desarrollan un peculiar tipo de cestería: en vez de utilizar solo una fibra, las maestras cesteras de Hualqui utilizan dos –el chupón y el coirón–, que recolectan con sus propias manos a la orilla del cauce.

Todo cesto hecho en Hualqui, a diferencia de la cestería tradicional Mapuche, se caracteriza por mezclar diversos tipos de tramas, calados y terminaciones únicas que se obtienen entrelazando hebras de tono natural con hebras teñidas: todo a partir de tintes de anilina de colores vibrantes y luminosos.

Tal y como aprendieron de generaciones anteriores, para proteger los casi extintos bosques nativos que las proveen, la recolección de chupón y coirón se realiza solamente en el verano, cuando hay suficiente sol y calor para secar y blanquear las hojas de chupón. Para recolectar el coirón, que se utiliza tal como se recoge, hoy deben ir más allá de la comuna, debido a que –por los cambios en los usos del suelo– ya no crece el coirón cerca de sus casas.

Con pocas herramientas, las artesanas terminan de blanquear las hojas de chupón con cenizas calientes, para luego quitar los bordes con espinas. Finalmente, separan la fibra en hebras para almacenarla lista para trabajar. Luego, para hacer cada canasto, las artesanas toman una determinada cantidad de chupón para teñirla por al menos 30 minutos con anilinas de colores vibrantes; principalmente fucsia, amarillo, naranjo, azul y verde.

El uso de los colores es la gran diferencia entre la cestería de Hualqui y la tradicional Mapuche. Pero la técnica es la misma, la de aduja o aduja anudada: el chupón amarra el cordón de coirón de manera firme y compacta. El chupón se enrolla y cose en espiral, formando un cordón firme, apretado y largo hasta lograr las piezas finales: paneras, individuales y costureros con tapa, de dos o tres pisos, reconocibles a primera vista por las fibras de colores saturados dispuestas intercaladamente de forma lineal. Una trama de belleza única y compleja, que las maestras artesanas sellan con calados –ninguno igual al otro–, en sus paredes y bordes.

Fuentes bibliográficas
Para la elaboración de este contenido fue consultado el libro Manos madres. Relatos artesanos de Chile (2014) de Catalina Darraidou, Artesanías de Chile. Un reencuentro con las tradiciones (1999) de Carlos Peters y Sobé Nuñez y otras publicaciones del Centro de Documentación de Bienes Patrimoniales (CDBP) y el Programa de Artesanía de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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