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VIVE LA ARTESANÍA

Colchane

Subir de a poco, subir sin prisa. Esa es la consigna si lo que se quiere es llegar acorde al clima a la localidad de Colchane, ubicada trescientos kilómetros al norte de Iquique, justo en la frontera con Bolivia, donde la vida transcurre sobre los cuatro mil metros de altura. Aquí, una selección de datos y paisajes para perderse por cinco días entre los cordones montañosos del altiplano.
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PREPARARSE PARA SUBIR
Ubicado 300 km al norte de Iquique, a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, justo en la frontera con Bolivia, llegar al pueblo de Colchane no es tarea fácil: la altura pega fuerte y el cuerpo, si uno no se prepara bien, acusa recibo. Eso se traduce en dolores de cabeza, náuseas y mucho cansancio. Lo que por acá llaman “la puna” o mal de altura. Por lo mismo, para evitarlo, hay que tomar resguardos (y tomárselos muy en serio). Comenzar por hidratarse desde antes de viajar, con dos días de antelación, tomando mínimo 2 litros de agua al día (ideal incorporar líquidos que contengan sales minerales). Cuando ya se inicia la ruta, dos datos importantes: como en el altiplano casi no hay fruta ni verduras, es bueno abastecerse en Iquique de agua, fruta y verdura fresca para complementar la quinua y papa andina que hay a montones en el interiores y es una buena dieta ligera para evitar la puna. Es muy importante subir de a poco, manejando sin apuro y, si es posible, tomar breves pausas para descansar. Bueno, y llevar consigo algún medicamento antivertiginoso para el mal de altura que también es importante comenzar a tomarlo uno o dos días antes de subir.

CÓMO LLEGAR
El tramo Iquique-Colchane demora entre tres y cuatro horas, y para hacerlo a ritmo propio lo ideal es arrendar un auto, de preferencia con tracción 4×4, con el estanque lleno (una vez que se sube, no se encuentran bencineras). Saliendo de Iquique por la carretera CH-11, después de pasar Pozo Almonte, donde se comercializa la riquísima artesanía textil Aymara del interior, la ruta comienza en el cruce de Huara. Un pueblo a 1350 metros de altitud conformado por una veintena de casas de adobe, donde se realiza una de las principales ferias de intercambio entre comunidades andinas. El resto del año, desperdigados en el camino, se encuentran puestos de comida al paso como el Flor de Huara; un local de colaciones en el cruce de Huara, ruta 5 norte, que ofrece un menú simple y casero para todos los bolsillos, como pollo con arroz, carne con papas doradas y cazuela.

Guatita llena, corazón contento, el camino continúa por la ruta A-235 dejando atrás una última panorámica verde para adentrarse en la pampa del Tamarugal. El camino es, de inicio a fin, de tierra. Y el paisaje se compone de iglesias andinas y caseríos fantasma que aparecen esparcidos, hasta que de pronto el verde regresa; llaretas, cactus candelabro y un arbusto chamuscado llamado queñoa que anuncian los cuatro mil metros de altura, donde yace, de a poco y sin prisa, Colchane.

DÓNDE DORMIR
Veinticinco minutos antes de llegar a Colchane se encuentra el poblado de Cariquima, donde es posible guarecerse cuando cae el sol y las temperaturas alcanzan los 15°C bajo cero. No existen hoteles, sino hostales sencillos, limpios y seguros, hechos con muros de adobe y piso de loza o cerámica, emplazados en uno de los pueblos altiplánicos mejor conservados del norte chileno; vigilado por el imponente monte Huanapa, a 3800 metros de altura.

El pueblo cuenta con luz solo tres o cuatro horas al día. Por eso en el hostal Tata Inti, su dueña, la artesana Fresia Moscoso, siempre tiene funcionando un panel solar. Las habitaciones son dobles o triples, desde $20.000 por noche por persona -incluido el desayuno-, previa reserva llamando al 97374 3029. Si se llega al pueblo de día, a pasos del Tata Inti es posible visitar un pequeño taller de artesanía Aymara, atendido por tejedoras de la comunidad, y el Museo Etnográfico Comunitario de Cariquima, donde se exhiben utensilios y piezas artesanas hechas con cuero de llama y fibra de cactus del lugar.

UN DÍA, UNA POSTAL
Lugar sagrado
Antes de celebrar una fiesta o una nueva cosecha, la comunidad Aymara agradece. Al sol, a la tierra, a sus animales. Para sumergirse en su cosmovisión, es pertinente partir explorando la zona en la localidad de Central Citani, un kilómetro al sur de Colchane, donde es posible observar antiguas construcciones de piedra conocidas como chullpas, que portan una leyenda local; pequeños seres llamados “gentiles” que habrían vivido allí a sus anchas hasta que los españoles irrumpieron en su territorio. 

Para las comunidades Aymara se trata de un sitio sagrado. Por ello, no suele mostrársele a los turistas, a menos que se llegue con un guía local de familia Aymara como don Efraín Amaru. Además de Central Citani, Efraín ofrece visitas a la localidad de Quebe y recorridos de pastoreos de animales por un aporte voluntario por persona, previa coordinación llamando a su pareja, la artesana María Choque, al 99 819 6637.

La iglesia blanca de Isluga
Se dice que Isluga vive solo para las fiestas, que se inauguran el 21 de diciembre con cada solsticio de verano, cuando las comunidades festejan a Santo Tomás, su patrono. El resto del año permanece vacío, como un pueblo fantasma, y es precisamente en ese silencio visual cuando mejor se admira la gran postal del recorrido; una iglesia colonial, blanca e impoluta, conocida como Santuario de Isluga, que resalta entre un puñado de casas de adobe que los pastores utilizan cuando andan arreando a sus animales. 

Declarada Monumento Histórico en 1975, su patrimonio data de hace cuatrocientos años, resistiendo el tiempo y los movimientos telúricos a la par que el resto de las construcciones del lugar; casas levantadas sobre perímetros de forma trapezoidal, propio de la arquitectura tradicional Aymara.

Una colonia de flamencos
A 42 kilómetros de Colchane, en el Parque Nacional Volcán Isluga, alrededor de la Laguna Aravilla, se encuentra una de las biodiversidades más sobrecogedoras del alto andino; una colonia de tres especies de flamencos en categoría de conservación, que se mimetizan entre volcanes, lagunas y cerros sagrados del pueblo Aymara. Declarado Parque Nacional en 1967, también se pueden divisar vicuñas, suri y tagua andina; cactus y queñoas de distintas formas y tamaños; y bofedales en terrenos húmedos, sobre los cuatro mil metros de altura. 

El acceso al parque es liberado. Horarios y consultas escribiendo a [email protected]

Aguas termales naturales
Desde Huara, después de tomar la ruta A-55 y luego la A-483, se encuentra la ruta A-483, que lleva directo a los géiseres de Puchuldiza; un conjunto de fumarolas naturales emplazadas sobre un campo geotérmico, que se asoman al amanecer en borboteantes chorros de agua de hasta 80° Celsius; calor natural que regocija, especialmente en los meses más fríos, cuando algunos orificios se amontonan de agua y se transforman en bloques de hielo. Por si no fuera suficientemente idílico, se puede visitar y recorrer sin guía, pero no sin un chocolate caliente.

CARNAVAL EN ISLUGA
Es una de las fiestas más populares del altiplano; cada febrero, en el poblado de Isluga, se reúnen a celebrar alrededor de mil personas durante tres días. La organización está a cargo de tres alféreces, ungidos por la comunidad Aymara de la zona, y el único requisito es la música: grupos de cumbia andina de Chile y Bolivia que mantienen viva la jarana por veinticuatro horas continuadas. 

En esos tres días, dice la cosmovisión Aymara, se dejan atrás las disputas del año que pasó; usando ondas inician una simbólica batalla de membrillos, hasta que la fruta se parte en pedazos sobre alguien. Si lo que se quiere es agradecer, los asistentes les cuelgan billetes chilenos y bolivianos a los alféreces.

DATO EXPERTO — Piezas patrimoniales
por manos artesanas
Una wak’a (faja), una talega o una inkuña, una soga para lacear animales: esas son algunas de las piezas tradicionales aymara, que se tejen en telar de cuatro estacas y de cintura, herramientas de origen precolombino que hoy son cada vez menos comunes. Pero la localidad de Isluga, que forma parte de la comuna de Colchane, es el único lugar en Chile donde todavía las maestras tejedoras y maestros trenzadores tejen fieles a esa usanza precolombina; con lana de alpaca que hilan a mano, solo con ayuda de su puska (huso en aymara), y a partir de la cual crean textiles y piezas de cordelería que utilizan en sus ceremonias; para que la tierra sea fértil, para guardar el alimento, para marcar a sus animales en símbolo de agradecimiento y abundancia.

DATO VERDE — Un bosque de cactus gigantes
Yendo desde Huara a Colchane por la ruta CH-15, que desemboca en la ciudad de Oruro en Bolivia, existe un pequeño poblado llamado Ancovinto, el más raro de toda esa zona del interior por el peculiar bosque que alberga; cactus pequeños, cactus gigantes, de espinas variadas y las más diversas formas, texturas y tonos verdes, amontonados uno al lado del otro en la ladera de un cerro. Postal para foto que vale la pena contemplar con luz de mañana; cuando posan dispuestos bajo el sol, con el Salar de Coipasa de fondo. Para no correr ningún riesgo, se recomienda ir acompañado de un guía local. 

GOURMET PARA LLEVAR — Quinoa y papa andina
de proveedores locales
Siguiendo los pasos de su madre, la artesana y agricultora Marcelina Mamani, hace un par de años Johana Mamani creó MaQ’am, una microempresa familiar que se dedica a sembrar, cosechar y comercializar la quinua que cultivan en su propia tierra. Para ello, desarrolló una presentación más trabajada que la clásica bolsita de plástico o de papel en la que suele comercializarse el grano en esta zona. Tienen distintas presentaciones: harina de quinua, quinua para cazuela, quinua para granear, sémola de quinua, quinua pop (más conocida como pipoca) y café de quinua. El grano viene limpio, listo para cocinar, por lo que no requiere el lavado para sacarle la saponina. Como la familia de Johana es usuaria de INDAP, en Santiago sus productos se suelen vender en las tiendas Mundo Rural. También se pueden encargar escribiendo a [email protected] o llamando al 99 006 3661.

María Choque. Colchane, Región de Tarapacá. Mayo, 2021.
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