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Colección

Herederas de Llalliñ

14 trariwe y 12 trarikan que rescatan la riqueza del patrimonio artesano que guarda una desconocida colección guardada en los depósitos del MNHN.

Tejer es una forma de comunicación milenaria, donde los indígenas recogen la cosmogonía de un pueblo. Por eso, se dice que los makuñ o mantas de los hombres y los trariwe o fajas que usan las mujeres son los libros de la cultura mapuche. Textos escritos en un lenguaje que hoy pocas düwekafe (tejedoras expertas) saben “escribir”. Pocas, porque quienes dominan la técnica textil son mujeres. Para ir en rescate de ese conocimiento y revalorizarlo, Artesanías de Chile – con el apoyo de Conadi- les propuso a 17 textileras de La Araucanía conocer una valiosa colección de más de 200 mantas y trariwe pertenecientes al Museo Nacional de Historia Natural. Tras la visita al museo, las artesanas crearon una serie de makuñ y trariwe, usando técnicas tradicionales como el ñimikan y trarikan, inspiradas en aquellas ancestrales. Así nació la colección “Herederas del Llalliñ”.

Un saber hacer: las complejas técnicas de las piezas de Herederas de Llalliñ

Cuando hablamos de tejido, hablamos de la forma que tienen las artesanas de entrecruzar los hilos en el telar para ir formando una determinada estructura. La técnica del ñiminkan se realiza en distintos territorios mapuche, a diferencia del trarikan, técnica compleja que se hace principalmente en la comuna de Cholchol.

ÑIMIKAN se refiere a la técnica a través de la cual se pueden ir tejiendo figuras al ir recogiendo o seleccionando los hilos de urdiembre necesarios para cada diseño. La manta con ñimin (o “manta laboreada”) se reconoce por ser un tejido de doble faz que lleva columnas con motivos que se repiten sobre un fondo de color. En estas franjas se ubican los diseños, dibujos portadores de un mensaje o dungu, que señala ciertas características o condiciones del portador de la manta: por ejemplo, aspectos socioeconómicos o de su procedencia, entre otros. El trariwe o cinturón femenino, también incluye ñimin. En apariencia menos espectacular por su tamaño más reducido, es una pieza textil riquísima por el contenido que guarda su iconografía y que también marran etapas de la vida de la mujer que la viste. 

TRARIKAN se refiere a la técnica del tejido por amarre. Antiguamente era común en buena parte de los territorios Mapuche, pero hoy es una técnica que preservan casi únicamente las artesanas textileras de Cholchol. Y, enntre ellas, solo lo hacen quienes poseen el conocimiento especializado y que ponen en práctica para tejer la manta del longko o cacique jefe del clan. La técnica del trarikan consiste en la reserva de urdiembre, es decir, una vez que la artesana pone el hilo que formará el esqueleto del tejido en el telar, va amarrado una serie de esos hilos según el diseño que quiere lograr (generalmente la urdimbre es un hilo de color blanco). Antiguamente, antes de hacer esos amarres, las urdiembres se cubrían con una pasta blanca hecha con piedra mallo para luego hacer las amarras con hojas de ñocha. Actualmente se usa polvo industrial para hacer la pasta y las amarras se hacen con plástico y no con fibras vegetales. Luego de los amarres, la artesana retira la urdimbre del witral, tiñe el hilo y, solo cuando está seco, lo vuelve a instalar en el telar. Para comenzar a tejer, va abriendo de a poco los paquetitos de urdimbres amarradas, cuidando hacerlo de a poco y no todas a la vez para que el diseño no quede chueco. Así, guiadas por el color y los amarres, van formando las figuras que suelen tener el patrón de escalones.

Las Artesanas
que hicieron esta colección

Aquí, la historia de dos de las diecisiete düwekafe -o tejedoras expertas- de Padre Las Casas y Cholchol que hicieron las piezas que conforman esta colección patrimonial.

NORMA CALVULAF
Padre Las Casas

Cuando niña, la abuela de Norma la hacía agarrar las telarañas que con la luz del amanecer y cargadas de rocío parecían de plata entre medio de los árboles. “La abuela nos decía que las tomáramos y nos sobáramos las manos con ellas, que reventáramos las arañas, para sacarles su talento como tejedoras y quedarnos con ese don entre los dedos”, recuerda. A los 7 años, ya sabía hilar. “En ese tiempo siempre andábamos en el campo con mis hermanos, cuidando los chanchos y sabíamos que cuando encontráramos un nido vacío de pájaros había que traerlo corriendo a la casa, donde mi mamá lo quemaba y con sus cenizas me pintaba las manos. Los pájaros también tienen talento tejedor, es cosa de ver cómo construyen sus nidos”. Dice que su mamá lo hacía porque quería que Norma fuera tan buena tejedora como ella. Y lo consiguió. Ella misma lo reconoce con seguridad. “Mi trabajo es bueno, siempre me lo han alabado. Yo tejo manta con ñimin. Están acostumbradas mis manos y mi cabeza a hacerlo. Me sale solo el diseño. Hay señoras que deben pagar para que les enseñen. Yo tengo todo clarito en mi mente”. 

ELIANA TRALMA
Cholchol

A la joven y respetada machi de la comunidad Ancapulli, Eliana Tralma Colipi (40) se le apareció el relmu. “Saltó como una chispa y todo se llenó de color: el azul, el rojo, el rosado, el verde, que contrasta con los remedios que yo trabajo, y el amarillo, que es característico de la bandera mapuche. Fue el arcoíris, el relmu completo, el que se me presentó. Y eso me dio sentido para recrear el trabajo de la manta antigua que elegí en el Museo de Historia Natural de Santiago con todo este colorido que ustedes ven”, explica Eliana, feliz con el resultado, una espectacular manta trarikan, cromáticamente audaz y técnicamente perfecta.

“La manta del museo me atrajo, pero con los colores yo la he variado. La antigua no tenía amarillo. No llevaba azul. Llevaba rosa pálido y verde agua. Yo sentí que tenía que elevarlos, darles vida de nuevo, como que me dio pena que estuvieran tan apagados. Y ahí saltó la chispa”, cuenta Eliana, que era tejedora antes de asumir su condición de machi.

Las piezas del Museo Nacional de Historia
Natural que inspiraron la colección

Aquí la selección de antiguos makuñ y trariwe pertenecientes al Museo Nacional de Historia Natural que inspiraron a las 17 artesanas protagonistas de la colección “Herederas de Llalliñ”.

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