EN ES
X
  1. Inicio
  2.  | 
  3. Territorio Artesano
  4.  | 
  5. Oficios artesanos
  6.  | Textilería del Seno del Reloncaví

Textilería del

Seno del Reloncaví 

En la provincia de Llanquihue, en la comuna de Puerto Montt, donde termina el Chile continental y comienza la Patagonia chilena, en pequeños villorrios de casitas desperdigadas frente al mar, yace la cuna de la tradición textil mestiza del Seno del Reloncaví. Se estima que esta tradición llegó al territorio a mediados del siglo XIX, cuando los colonos alemanes se instalaron en la cuenca del Llanquihue a demandar madera para la construcción de sus casas.

 

Textilería del Seno del Reloncaví 

En la provincia de Llanquihue, en la comuna de Puerto Montt, donde termina el Chile continental y comienza la Patagonia chilena, en pequeños villorrios de casitas desperdigadas frente al mar, yace la cuna de la tradición textil mestiza del Seno del Reloncaví. Se estima que esta tradición llegó al territorio a mediados del siglo XIX, cuando los colonos alemanes se instalaron en la cuenca del Llanquihue a demandar madera para la construcción de sus casas.

 

Eso empujó a familias de Chiloé y Calbuco, que hasta entonces venían a la zona solo los veranos, a explotar los bosques de alerce para fabricar tejuelas, se instalaran de manera fija. Y entre ellas llegaron también mujeres, herederas de la basta tradición textil del archipiélago. Así se crearon las comunidades de Quillaipe, Piedra Azul, Metri, Lenca, Chaica y Caleta Gutiérrez, que conforman lo que hoy conocemos como la tradición textil del Seno del Reloncaví.

 

Sus conocimientos, traspasados entre abuelas, madres e hijas a punta de observación e imitación, eran una mixtura entre la textilería huilliche y española. Solían copiar técnicas de las revistas de punto cruz que traían las monjas desde España, que dieron vida a un tipo de tejido que le dio un sello a las artesanas textiles de la Carretera Austral por casi cien años: la frazada brocada —o florida—, que tiene una base de cuadrillé blanco con negro y donde, en los cuadraditos blancos, van intercalando una trama de hilado suplementaria colorida, que le da fuerza al tejido. Aunque parecen flores bordadas sobre la frazada, en realidad se trata de una ingenioso entramado que las artesanas hacen a medida que tejen en el telar.

A diferencia de Chiloé, donde las mujeres tejían frazadas para abrigar a los suyos, y por tanto abundaban, en Caleta Gutiérrez —como en el resto de la Carretera Austral— ese tejido fue una estrategia de subsistencia. Habitaban un sector aislado. Y como los tejueleros eran mal pagados, las mujeres optaron por comercializar su talento. Así, a la vez que complementaban los ingresos familiares, se fueron constituyendo en un pilar de la economía local. En una zona de tierras húmedas, sin praderas, las pocas ovejas que se criaban eran destinadas para carne. Por tanto ponerse a tejer era toda una odisea: en una lancha partían al Mercado de Angelmó, en Puerto Montt, de donde volvían con el vellón sucio. En sus casas lo cardaban, hilaban en huso, teñían y tejían en telar. Y cuando los tejidos estaban listos, partían devuelta a Puerto Montt a vender o a intercambiar sus piezas por otros productos. La lana para tejer era oro y quedarse con una de sus frazadas era un lujo que no se permitían. Por eso en las casas de las tejedoras es difícil encontrarlas.

El sacrificio tuvo su recompensa cuando la cooperativa Sol de Chile se instaló en Puerto Montt, inaugurando una época de gloria para la zona. Proveían a las artesanas con sacos de 200 kilos de lana vellón, ellas tejían y tejían, y la cooperativa les compraban casi toda la producción para revenderla. Eso hasta los años setenta, cuando el cierre de la cooperativa coincidió con una desvalorización del trabajo artesanal.

El interés por comprar decayó y en el mercado apenas les pagaban. Entonces dejaron de tejer, se abocaron a desconchar mariscos y trabajar en salmoneras, y la tradición más compleja, como la frazada brocada, se perdió, aunque no del todo. La sabiduría era tal, que bastaron un par de años para que las artesanas volvieran a aglomerarse en sus casas a rescatar y traspasar sus conocimientos. De esos años, de mayor o menor abundancia, sobrevivieron una decena de agrupaciones de la Carretera Austral que vieron una luz de esperanza a principio de los noventa, cuando a la zona migraron personas de la capital con una interrogante: ¿de dónde venían esas frazadas tan lindas que ya no hacían las artesanas? Entonces las portadoras de este oficio vivo retomaron sus labores.

En 2004 ese interés coincidió con el trabajo que empezó a hacer la Fundación Artesanías de Chile, cuando instaló su sede en Puerto Varas y las incentivo a tejer una y otra vez, comprando parte de su producción a artesanas del Seno del Reloncaví. Y en 2018 les propuso rescatar la técnica tradicional, que había comenzado a olvidarse en la zona: el brocado.

Al igual que sus antepasadas, las tejedoras del Seno de Reloncaví usan como materia prima la lana de oveja y realizan todo el proceso productivo: selección, lavado, escarmenado e hilado del vellón, enmadejado o aspado, teñido, ovillado, tejido en telar vertical y terminaciones. Con productos naturales del bosque circundante logran los colores café, verdes grises y negros. Y aunque el telar que utilizan es similar al witral mapuche, su tejido está más emparentado al tejido chilote (kelgwo).

Entre sus tejidos se encuentran frazadas lisas y a cuadros, y frazadas cuadrillé con bordado en brocado, además de alfombras, choapinos y pasilleras tejidas con la técnica de nudos o pelos. Cada localidad tiene su especialidad. En Chaica, por ejemplo, son expertas en el tejido de alfombras y choapinos de nudo matizados: diseños de marcada influencia geométrica, que elaboran instalando nudos de distintos colores en las urdiembres. Todos esos diseños los guardan en su cabeza, al igual que el tejido a palillo con el que elaboran calcetas, gorros, pantuflas y chombas.

Rescatar los tejidos del Seno del Reloncaví es portar la memoria: la riqueza de tiempos pasados que radica en la forma de tejer y en sus diseños iconográficos, que hoy trasciende gracias a sus guardadoras. 

*Retrato:
Teresa Olavarría, textilera del Seno del Reloncaví
(Región de Los Lagos)

Producto agregado al carro

 

 

IR AL CARRO Realizar pedido Seguir comprando

Pin It on Pinterest