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Textilería Mapuche

Aunque se trata de una tradición precolombina, con la llegada de los españoles la textilería Mapuche vivió un proceso de mestizaje, que se expresó en la sustitución de pelo de camélidos por lana de oveja. Pero la técnica original de tejido, en witral o telar parado, se conserva hasta hoy. Se trata de piezas textiles cargadas de ñimin (dibujos o figuras), que guardan significados propios de su cosmovisión en manos de mujeres. El tejido es para la mujer Mapuche una forma de comunicación milenaria; el gran libro de su cultura.  

Existe evidencia: en la cultura Mapuche y sus antecesoras había conocimiento sobre técnicas textiles desde antes de la llegada de los españoles. Pero no fue hasta que se introdujo la oveja cuando la manufactura de tejidos llegó a su auge; la oveja era la materia prima por excelencia y los tejidos eran el soporte y comunicación entre una comunidad y otra. Si se trata de textil Mapuche, sostiene el antropólogo y doctor en Estudios Latinoamericanos Pedro Mege, el düwen (universo) se puede dividir en tres partes: vestimenta, enseres y aperos, para vestir un cuerpo o espacio, que son tejidos principalmente por las dukewafe (maestras tejedoras); son ellas las encargadas de abrigar, vestir y cuidar el techo y la familia.

Todo lo que saben, dicen sus cultoras, lo aprendieron de llallen kuzé; una araña vieja y sabia, que desciende por el fuego toda vez que una mujer Mapuche llega la adultez, para dotarla de un “buen tejer”. Solo mediante este oficio pueden dar ciertos pasos en la vida; una joven Mapuche no puede casarse sin antes aprender a tejer un pontro (frazada).

Dependiendo de la dificultad de la pieza, será el escalafón social de su autora, siendo el escalafón más alto la elaboración de un trarikan makuñ o manta de lonko. Se trata de una pieza tradicional Mapuche, de uso masculino, que las düwekafe tejen en witral, también llamado telar vertical, que consiste en cuatro maderos cruzados que permiten adecuar, según las necesidades, el tamaño que se le dará a cada pieza. Ni la técnica ni el color de la fibra es elegida al azar; para denotar importancia y prestigio, fibra de color negro. Para representar fuerza y poder, fibra de color rojo.

Aunque el tejido sigue siendo un soporte para comprender la cosmovisión del pueblo Mapuche, son pocos los que saben leerlo. Utilizando lana de oveja, que obtienen de proveedores locales o esquilan e hilan ellas mismas, hoy, más bien, las tejedoras crean piezas comerciales; tejidos pensados en personas no Mapuche, en los que despliegan y mantienen viva su destreza, utilizando técnicas tradicionales que aprendieron siendo niñas.

Cada pieza tiene su técnica. El ñimin, donde el dibujo se logra agrupando hebras de la urdimbre en el proceso de tejido. El trarün, donde el diseño se logra tiñendo los hilos de la urdimbre antes de tejer, conocida internacionalmente como ikat. El wirin, característico por su tejido listado.

En 2019, Artesanías de Chile invitó a 17 artesanas de la Región de La Araucanía a conocer un inédito y valioso tesoro: más de doscientos makuñ y trariwe, mantas de hombre y fajas femeninas, albergadas en el Museo Nacional de Historia Natural. A partir de la observación y estudio de dichas piezas dieron vida a la colección Herederas de Llalliñ, compuesta por 26 piezas tejidas a semejanza de ejemplares patrimoniales.

Uno de los tejidos más rico en ñimin es el trariwe (faja femenina); se dice que un trariwe guarda más historias que una decena de mantas cacique juntas. Y su razón de ser radica en la esencia de lo femenino. Además de sostener el vestido en su lugar, para el pueblo Mapuche el trariwe es un “sujetador” de la fertilidad, cuyo diseño refleja el orden social y territorial de la mujer que lo porta. Hechos en doble faz, normalmente de dos metros de largo por diez centímetros de ancho, tal es el apego e identificación de la mujer Mapuche con esta pieza, que cuando se desprende de ella se dice que está “abandonada de su fuerza primordial”. Por eso, cuando se trata del ngeren o takun (la vestimenta), cada pieza es personalizada. De la misma forma en la que se hace un trariwe -en witral, en ñimin de doble faz-, las düwekafe tejen un trarilonko o cintillo, utilizado solo por hombres, que suelen medir un metro de largo por cinco centímetros de ancho.

Aunque se tejen en el mismo telar, los enseres son de uso común y se utilizan para vestir las rukas, siendo los más tradicionales la lama (alfombra) y el pontro; el primero de motivos geométricos, que las dükewafe van creando directamente en la urdimbre, mezclando hilos de color negro con otros en tonos cafés, rojos o blancos. El segundo de tejido listado, de colores contrastados en sentido longitudinal, que incorporan tonos más vibrantes, como rojos, verdes, fucsias, azules, verdes, morados y amarillos, colores que también aplican en los aperos de sus caballos.

Si lo que se quiere es hacer un trarikan makuñ, se ocupa la técnica de trarün o ikat, que consiste en dibujar las formas a través del tejido por amarre; según el diseño que se quiere lograr, se van seleccionando y amarrando una serie de hilos en el witral (telar), antes con hojas de ñocha, hoy con pedazos de plástico. Cuando la amarra está lista, se retira la urdimbre del witral y se tiñe. Una vez que la urdimbre está seca, se instala nuevamente en el witral y se comienza a tejer, liberando y abriendo con sus dedos, poco a poco, los paquetes de urdimbres amarradas, que conservan el color original del hilo, sin deformar ni correr el diseño. En la medida que tejen, algunas dükewafe cantan. Es entonces cuando conectan con la “escritura en lana”; una suerte de trance que las vincula con su witral, como si fueran uno solo. 

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