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Maestra artesana en textilería mapuche Rosa Huaiquinao: “La artesanía se debe hacer con nuestras propias manos, con delicadeza y con el alma”

La artesana estuvo desde el 24 al 30 de octubre en Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando a niños y a público general sus productos en textilería mapuche.


¿Hace cuánto tiempo aprendió este oficio?
Desde que era muy chica tengo recuerdos de haber visto a mi mamá y a mi abuela tejer. Ya cuando tenía 12 años más o menos lo aprendí, porque siempre las ayudaba a tejer, a hilar. Además toda mi familia sabe tejer: mis hermanas por ejemplo. Ellas dos también viven de la artesanía. Mi hija también sabe tejer.

¿Qué sientes cuando tejes?
Cuando tejo me relajo. Es algo que me gusta, me encanta hacer y creo que nunca podría dejarlo.


¿Desde cuándo formas parte de la red de la Fundación?
Desde que se formó la Fundación yo soy parte de ella. Desde sus inicios. También mi mamá y una hermana son parte de la red de artesanos de la Fundación.

¿Qué productos entregas?
Ahora estoy entregando chales y bufandas. Nosotras también tenemos una agrupación de artesanas en el sur, somos 12 mujeres y cada grupo hace diferente tipo de artesanía. La agrupación que yo soy parte se llama Comité Paillanao, y está de Padre de las Casas hacia el interior.

¿Qué ha significado para ti pertenecer a la red de la Fundación?
Para mi ha sido muy bueno, yo estoy muy agradecida de la Fundación, porque puedo tener un ingreso seguro, porque todos los meses al entregar mis productos recibo mi platita y eso me ayuda mucho. También me ha ayudado a conocer a gente, a otros artesanos con distintos oficios y eso es algo que enriquece mucho.


¿Qué es para ti la artesanía?
La artesanía es algo que se hace con las propias manos, con mucha delicadeza y con el alma. Para mí la artesanía es todo.


¿Por qué cree que es importante el traspaso de generación en generación de la artesanía?
Es muy importante para que no se pierdan nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra identidad.

¿Cómo han estado estos días en Santiago?
Ha sido una linda experiencia. Han venido niños y adultos y es lindo enseñarles el trabajo, cómo se hace con las manos, que conozcan las lanas, es algo que realmente me encanta. Además que una vez que lo aprenden les puede interesar y pueden seguir haciéndolo y transmitiendo este oficio a otras personas.

¿Cuál es el proceso de una bufanda?
Lo primero es el hilado. Luego viene el teñido, que puede ser con vegetales o con tintura artificial. Para colores suaves se hace con vegetales, y para colores más fuertes con tintura. Todo esto lo hago yo. Para hacer una bufanda me puedo demorar dos semanas, desde que consigo la lana hasta que tengo el producto final.


¿Cuál es tu sueño como artesana?
Seguir trabajando en este oficio, no terminarlo nunca, lo voy a hacer hasta que ya no pueda más, hasta que sea bien viejita. Y seguir traspasando este oficio, como lo hizo mi mamá y mi abuela. También me encantaría poner una tienda con todos mis productos y seguirlos vendiendo.

Quiero agradecer a artesanías de chile por la oportunidad que me ha dado, ya que todos los productos que les he entregado los he hecho con mucho cariño.

Especialista en reproducción de cerámica molle Entrevista Javier Neira: “Quiero ser un referente en la cerámica”

El artesano estuvo desde el 23 de septiembre al 3 de octubre en Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando a niños y a público general las reproducciones arqueológicas de los pueblos originarios de Chile.
¿Desde cuándo te dedicas a esto?
Primero empecé con cerámica publicitaria hace 20 años. Empecé a estudiar por mi cuenta sobre los orígenes de la cerámica. Ahí empecé a tener las bases técnicas de cómo hacer una pieza. Investigué sobre los modelos en museos y bibliotecas. Empecé por los modelos diaguitas y después con los modelos mapuches, de la parte sur de Osorno. Siempre me estoy nutriendo de información en distintas partes, ahora en el museo de San Felipe, de Los Andes y Quillotas. De acá he sacado las fichas técnicas, lo que me ha ayudado a avanzar más rápido.


¿De dónde nace este interés por las reproducciones de culturas precolombinas?
Yo nací en la provincia de Arauco, en Cañete y vivía en el campo en el sector de Quilaco. Se hablaba mucho del tema mapuche, y de su forma de vida de una manera coloquial. Y estas conversaciones se daban a la orilla de un bracero al caer la tarde, sobre todo los días de lluvia. Entonces desde chico yo absorbía toda esa información y jugaba con niños de mi edad que pertenecían a comunidades mapuches. Incluso las mamás de mis amigos intercambiaban cosas con mi abuela. Entonces viví todas las costumbres mapuches desde muy cerca. Lo de la cerámica nació cuando tenía 6 años. Estaba en el colegio y vi pasar a un niño en el recreo con una vasija de cerámica en la mano. Pero fue en ese momento cuando nace mi interés por la cerámica. Era una arcilla ploma que brillaba. Ahora trabajo con esa arcilla.
Después, más grande empecé a estudiar cada vez más sobre el tema, he hecho varios cursos para seguir aprendiendo y especializándome.

¿Desde cuándo formas parte de la red de artesanos de la Fundación?
Hace dos años. La fundación me conocía de antes, porque traje una línea de piezas hace 5 años atrás. Hace dos años la fundación hizo una exposición del norte y ahí recurrieron a mí, aproveché de mostrar todas las cosas que había hecho. Mostré la línea atacameña, molle e inca diaguita.

¿Qué piezas entregas a la Fundación?
Por ahora solamente piezas de reproducción cerámica molle.

¿Qué beneficios te ha traído ser parte de la Fundación?
Además del beneficio económico, me permite trabajar libremente en lo que a mí me gusta. También, como me han invitado a hacer talleres acá, he aprendido a desarrollar otras habilidades, como es la de enseñar. No sabía que la tenía y gracias a la Fundación he podido trabajar con niños y traspasarle lo que sé hacer.


¿Qué significa para ti tu oficio?
Siempre yo he enfocado mi oficio desde el lado de reproducción de cerámica arqueológica. Los pueblos que hacían esta cerámica les daban un uso religioso, eran piezas sagradas. Yo trato de darle un uso cotidiano y utilitario.
Esto es una forma de expresar mis habilidades artísticas. Lo que es cerámica arqueológica me ha llenado mucho, porque son piezas complejas. Me he planteado el desafío de fabricarlas y no es fácil cuando no se sabe. Por lo tanto, he ido más allá de fabricar una pieza con arcilla, porque he ido investigando. Se mezcla la historia con lo artístico.

¿Cuál es tu sueño?
Una vez le dije a un amigo que yo quería ser el Pablo Neruda de la cerámica y un referente. Si hago bien las cosas creo que puedo llegar muy lejos.

Maestra artesana en textilería aymara Alejandra Challapa: “Gracias a la Fundación he podido tener mayor estabilidad económica en lo que amo hacer”

La artesana Alejandra Challapa, nacida y criada en el altiplano de Arica, estuvo desde el 10 al 15 de septiembre en Centro Cultural Palacio La Moneda enseñando su oficio a niños y a público general.

¿Desde cuándo formas parte de la red de la Fundación?
Desde hace 7 años aproximadamente.

¿Cómo llegaste a formar parte de la red?
Yo empecé a participar en una feria que organizaba la Universidad Católica en Santiago y ahí empecé a buscar otras instituciones donde mostrar mis productos. Llegué directamente a la Fundación a mostrarlos y les gustaron y empecé a entregar. Cuando empecé me hacían pedidos cada cierto tiempo, hoy entrego mensualmente a la Fundación.

¿Cuándo aprendiste este oficio y cómo fue la experiencia?
Todo lo que es la lana y tejidos yo lo aprendí cuando era muy chica, como a los 6 años, donde vivía, en el altiplano. Lo primero que aprendí fue el hilado y después empecé a hacer cosas más elaboradas. Estuve un tiempo alejada de todo eso, cuando me fui a estudiar a Arica. Llegué hasta segundo medio, porque quedé esperando a mi primer hijo. Pero ahí ingresé a una ONG que ayudaba a personas del altiplano que estaban relacionadas con el tema del tejido. En ese momento aprendí a tejer en telares un poco más modernos de los que estaba acostumbrada, para que el tejido no fuera tan apretado ni tan rústico.

¿Tus familiares saben tejer?
Sí, mis tres hijos saben, y bueno, mi mamá, quien me enseñó y varios parientes. Mis hijos desde chiquititos están muy familiarizados con la lana y el tejido, al verme trabajando en esto. Entonces ya conocen todos los procesos y me ayudan cuando lo he necesitado. Además, para mí es muy importante que sepan, porque así les traspaso un oficio y un conocimiento que viene desde mis antepasados.

¿Qué significa la artesanía para ti?
Significa todo, me gusta, me encanta. Gracias a la artesanía no he tenido que cumplir horarios de trabajo, puedo estar en mi casa y gracias a eso pude criar tranquila a mis hijos. Actualmente mis ingresos vienen solo de la artesanía y junto a lo que recibe mi marido podemos vivir tranquilos.

¿Cómo te ha beneficiado ser parte de la red de artesanos de la Fundación?Estoy muy agradecida de la Fundación, porque al hacer una entrega mensual, puedo tener un ingreso fijo todos los meses, lo que me permite tener mayor estabilidad en este trabajo que amo hacer. Por otro lado, venir a hacer talleres a Santiago y mostrar lo que hago ha sido otro beneficio. Estoy muy contenta de que me hayan invitado y de poder dar a conocer mis productos, además de traspasar el oficio a niños de distintos colegios.

¿Cómo ha sido la experiencia en CCPLM?
Hasta ahora muy buena. He recibido a varios niños y ha sido muy entretenido poder compartir con ellos y enseñarles. Lo mismo con el público que viene el fin de semana.

¿Cuál es tu sueño como artesana?
Yo puedo hacer una variedad de cosas en cuanto a tejidos y todo lo que quiero aprender lo aprendo, entonces me gustaría seguir aprendiendo para tener ingresos cada vez mayores y así poder dedicarme para siempre sólo a la artesanía. Me gustaría tener una tienda donde pueda ofrecer mis productos, pero en Arica no podría por ejemplo, porque la mayoría de los productos son bolivianos y peruanos y son más baratos, entonces no podría competir con ellos. Tendría que poner mi tienda en otro lugar.

¿Cuál es el proceso de un producto?Lo primero es seleccionar una buena lana, porque hay de distinto calidad. Luego viene el hilado y luego se lava la lana. Después se hace ovillo, se enhebra en el telar y después se empieza a tejer. Si me dedico a hacer sólo un producto, puedo terminar un chal, por ejemplo, en dos días.

*Fotografía de Catalina Juger.

Maestro Artesano en canoas de corteza Alfonso Cárcamo: “Al hacer las canoas me traslado en el tiempo”

El artesano de Punta Arenas, estuvo desde el 21 al 29 de agosto en Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando su oficio en canoas de corteza, con talleres para niños y niñas de distintos colegios y público general.

¿Cuándo aprendiste tu oficio?
Desde hace 20 años yo empecé a interesarme por las canoas de los aborígenes. Lo encontraba interesante, pero no sabía hacerlo, así es que decidí aprender. Yo soy descendiente kawésqar, nací en una isla y por eso siempre me interesó conocer más sobre mis antepasados.

¿Cómo aprendiste la técnica?
Viajé a Puerto Edén, para estudiar el tema y allá me junté con uno de los últimos aborígenes kawésqar que quedan en la zona y comenzó a enseñarme y a traspasarme esta maravillosa técnica ancestral.

¿Cuánto te demoras en hacer una canoa?
Una canoa pequeña la puedo terminar en un día. Y las canoas grandes, que son a pedido, me demoro un mes aproximadamente.

¿Desde cuándo formas parte de la red de artesanos de la Fundación?Aproximadamente 4 años que estoy dentro de la red.

¿Cómo llegaste?
Ellos llegaron a mí. Yo estaba en Punta Arenas y recuerdo que instalaron una tienda en el hotel Dreams y desde ahí empezaron a comprar mis primeros productos.

¿Qué significa para ti pertenecer a esta red?
Me ha ayudado mucho. En primer lugar en la parte monetaria y lo otro es que me han ayudado a difundir la cultura de los pueblos canoeros, de las etnias australes, porque la verdad es que no es muy conocido por la gente.

¿Cómo ha sido la experiencia de estar en CCPLM?
Muy buena, mucho respeto, cooperación y lo mejor es que los niños aprendido y conocido otras culturas, las de mi pueblo, los kawésqar. Es en esto en lo que estoy enfocado, en difundir mi cultura.

¿Qué significa para ti la artesanía?
Además de ser una entrada de dinero, la importancia es enseñar la técnica, un trabajo artesanal puro, mi trabajo hace que me trasladarse en el tiempo y me permite poder reproducir estas canoas que vienen de una técnica ancestral.

La artesanía me ha permitido viajar también. Dos veces he estado en el sur de argentina, he tallado hielo también, pero me gusta más la madera, siempre me ha gustado y lo he ido perfeccionando con el tiempo. En un momento tuve que trabajar en una empresa por temas económicos, pero después me dediqué solamente a esto, a mi pasión.

¿Te gusta enseñar?
Me encanta enseñar lo que hago, explicarle a los niños lo que esto significa y que se empapen de la cultura kawésqar. Para mi es algo gratificante, por eso también enseño en escuelas en el sur, donde vivo, porque no quiero que se pierda este hermoso oficio.

Maestra artesana en textilería mapuche Ángela Calfulaf: “Para mí la artesanía es una profesión”

La artesana de Padre Las Casas (IX Región de la Araucaní­a), estuvo desde el 9 al 20 de agosto en Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando su oficio de textilería con talleres para colegios y público general.

¿Cuándo aprendiste tu oficio?

Desde muy pequeña, cuando tenía 12 años más o menos.

¿Cómo lo aprendiste?

Mirando a mi mamá. Ella tejía siempre y yo la veía y me gustaba mucho lo que hacía. Somos 4 hermanos y todos sabemos hacer la artesanía. Ella nos inculcó al amor y la pasión por tejer.

¿Desde cuándo formas parte de la red de la Fundación?

Desde que empezó, hace aproximadante 10 años.

¿Cómo llegaste a la Fundación?

Fue gracias a mi tía. En ese tiempo ella me invitó a formar parte de un grupo de textileras y me integré. Un tiempo después llegó la Fundación a Padre Las casas buscando a artesanos que cumplieran con el perfil de la fundación y les interesaron mis productos. Desde ese momento hasta hoy les vendo mis productos.

¿Qué ha significado para ti pertenecer a la red de la Fundación?

Ha sido fundamental para mí, porque gracias a eso tengo ingresos todos los meses y me ha ayudado a mantener a mi familia. Además de la parte económica, me he podido conocer a mucha gente, he salido fuera de chile a conocer otra cultura. Por ejemplo fui a Bolivia, a un encuentro de artesanos de americalatina. Y eso fue gracias a la Fundación. También me ha dado la oportunidad de traspasar mi conocimiento con los talleres, enseñar mi oficio a niños y adultos y eso es muy gratificante.

¿Cómo ha sido la experiencia de venir a hacer talleres al CCPLM?

Muy buena. Me llevo mucho conocimiento de la gente, de los niños sobre todo. De personas extranjeras también, muchos portugueses y mexicanos que han visitado el centro cultural que se interesan por lo que uno hace, nuestra cultura, nuestro oficio. He tenido una muy buena experiencia.

¿Qué significa para ti la artesanía?

Para mi es todo, porque me da vida, alegría, bienestar. Es algo que realmente me apasiona y lo hago con amor. Para mi es una profesión.

¿Cuál es el proceso de tu trabajo?

Primero tengo que lavar la lana, luego hilarla, teñirla con anilina o también con hojas y raíces. Siempre trato de teñirla con las hojas, es más natural, pero más demoroso a la vez.
Luego tengo que secar la lana una vez que se tiñe y eso se demora uno o dos días, dependiendo del tiempo. Luego viene el tejido en el telar.

¿Qué productos haces?

Hago de todo, como frazadas, ponchos, caminos de mesa, individuales, chales, bufandas. Todo lo que es a telar

Maestra artesana en cestería de fibra vegetal Eugenia Levicoy: “Con la Fundación comenzó mi carrera como artesana”

La artesana de Isla Llingua, en Chiloé, estuvo desde el 31 de julio al 8 de agosto en Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando su oficio en cestería en manila con talleres para colegios y público general.

¿Cuándo aprendiste este oficio?

Cuando era muy pequeña. Es una tradición que viene de generación en generación. Mi mamá aprendió de mi abuela y yo aprendí de mi mamá. Siempre estaba con ellas cuando se ponían a trabajar, entonces para mí siempre fue algo muy cercano y por lo tanto, no me costó nada aprenderlo.

¿Desde cuándo formas parte de la red de la Fundación?

Hace aproximadamente 5 años que entrego productos a la Fundación.

¿Cómo llegaste?

Primero me acuerdo que fui a la municipalidad de Puerto Montt y hablé con una persona que estaba a cargo del Consejo de la Cultura. Ahí me dijeron que no podían hacer mucho por la comercialización de mis productos, pero al mismo tiempo me aconsejaron ir a Puerto Varas a Fundación Artesanías de Chile. Me dio el contacto de la persona encargada en la Fundación y lo que pasó fue que cuando entregué mis productos les gustaron y desde ahí me dieron la posibilidad de seguir entregándolos y de hacer talleres en Puerto Varas.

¿Qué productos entregas a la fundación?

Son productos utilitarios, para el uso del hogar, como paneras, fruteras, etc.

¿Qué significa para ti este oficio?

Para mi es algo muy bonito. En realidad si me hubieses preguntado hace un par de años atrás si hubiera querido ser maestra en cestería, te hubiera dicho que no, porque no pensaba hacerlo. Pero cuando llegué a la Fundación y comencé estos talleres para adultos y niños, me di cuenta que la tradición de tejer en la isla se estaba perdiendo. Entonces me gustó mucho poder traspasar un poco de mi conocimiento a otras personas, a niños sobre todo.

¿Qué ha significado para ti ser parte de la red de la Fundación?

Desde que formo parte de la Fundación me he sentido más reconocida. Con la Fundación empezó mi carrera como artesana, porque empecé con los talleres, comencé a vender mis productos en la tienda, entonces para mí la Fundación ha sido lo más importante dentro de mi carrera como artesana.

¿Dónde más comercializas tus productos?

El 2010 me gané el sello de excelencia de CNCA y también fui reconocida por la Unesco. Y esto también abrió varias puertas para mí, por un tema de comercialización y además siempre me están invitando a ferias, y voy cada vez que tengo los productos.

¿Cómo ha sido esta experiencia en Santiago?

Lo que más destaco es haber conocido a nuevas personas. Las mismas personas de la tienda me han acogido mucho y me han ayudado en todo. También me llevo la cara de felicidad de los niños cuando lograban tejer. Un niñito ayer estaba feliz cuando le resultó el producto. Me llevo el cariño de la gente. El fin de semana también vino harta gente y atendí a varios extranjeros también. La gente fue muy amable y también les interesó saber de la isla, me hicieron muchas preguntas de mi zona. Yo les contaba que en la isla aún no hay luz eléctrica, ni tampoco agua potable. Hay mucha gente que todavía vive con velas, y para ellos es algo impactante.

Maestro artesano de tallado en madera Mario Pinchulef: “Me llena de orgullo ser artesano y representar a la cultura mapuche”

El artesano de la localidad de Liquiñe, ubicada en la XIV Región de la Provincia de Valdivia, estuvo desde el 19 al 30 de julio en el Centro Cultural Palacio La Moneda, dictando un taller de tallado en madera mapuche durante las vacaciones de invierno.

¿Cuándo aprendió el oficio?

Cuando era niño, tenía 6 años cuando ya estaba tomando las herramientas. Me enseñó mi papá. Primero partí observando cómo se hacía, la técnica y mi papá me iba explicando cada uno de los pasos. Así fui aprendiendo junto a mis hermanos.

¿Cuál fue la primera pieza que creó?

Lo primero que hice fue una cuchara y me costó harto, me acuerdo que me demoré un buen tiempo. Después fui aprendiendo mejor la técnica, mejorando el tallado y entonces empecé a hacer fuentes. Ahora hago cubiertos, fuentes y platos con distintas formas.

¿Desde cuándo forma parte de la fundación?

Aproximadamente desde el 2003, más de 10 años, casi en los inicios de la Fundación.

¿Qué ha significado para usted ser parte de la Fundación?

Ha sido súper importante. Agradezco lo que hace la Fundación, porque busca a los verdaderos artistas y trabaja directamente con los artesanos, comprándoles a ellos mismos y no con intermediarios. Hoy nos pagan un precio justo por nuestros productos y podemos organizarnos con nuestro trabajo y las entregas. A mí me ha servido mucho, incluso ahora pude construirme un taller más amplio.

¿Cuál es el proceso de una pieza tallada en madera?

Primero se compra la madera en bruto. Luego hay que prepararla, cortarla y laminarla. Para cortarla desde hace un tiempo lo hacemos con máquinas, eso nos ha alivianado mucho el trabajo. La madera uno la compra en bruto, y ya va quedando muy poco.

Lamentablemente donde yo vivo va quedando poca madera. Se hace poca con la cantidad de artesanos que hay. Pero la calidad de la madera con la que trabajamos es muy buena, dura 60 o 70 años.

Por último viene todo el proceso del tallado para dar forma al producto que queremos lograr.

¿Qué significa la artesanía para ti?

Es muy importante, porque es una artesanía tradicional que representa nuestra cultura y eso me llena de orgullo. Me siento orgulloso de ser artesano, de representar a la cultura mapuche.

¿Cómo ha sido la experiencia de venir a Santiago?

Esta es la segunda vez que me invitan a dar un taller en Santiago y estoy muy contento de poder hacerlo. La recepción de la gente ha sido muy buena. Han venido niños pequeños, extranjeros, de todo. Ha sido muy positivo y para mí es importante traspasar mis conocimientos, porque así las personas que vienen aprenden un poco más de la cultura mapuche.

Maestro artesano en textilería atacameña Dalton Cruz: “La artesanía me ha dado las herramientas para salir adelante”

El artesano de Socaire, II Región de Antofagasta, estuvo desde el 10 al 18 de julio en el Centro Cultural Palacio La Moneda, dictando un taller en textilerí­a atacameña, actividad que fue muy bien aprovechada por los más pequeños en estas vacaciones de invierno.

¿Dónde aprendió su oficio?Lo aprendí a los 12 años aproximadamente. Mi abuelo me enseñó y me inculcó la pasión que hoy siento por la artesanía, siempre decía que alguna vez iba a ser útil para nosotros aprender y así fue, no se equivocó. Nos enseñó a toda la familia, tengo muy lindos recuerdos.

¿Cuándo empezó a comercializar productos artesanales?Fue después de haber trabajado 12 años en una empresa de litio. Dejé de trabajar ahí y estuve un tiempo sin trabajo. Entonces, empecé a ayudar a mi mamá con artesanía y me gustó mucho, porque empecé a recordar todo lo que mi abuelo nos había enseñado. Así es que ahí empecé y ahora es a lo que me dedico.

¿Qué ha significado para ud. Pertenecer a la red de artesanos de la Fundación?Para mí ha sido muy importante, porque gracias a la Fundación y a la artesanía yo logré salir adelante cuando estaba sin trabajo. Me siento muy orgulloso de ser artesano y de hacer esto, porque he aprendido muchas cosas que fui dejando de lado, pero que hace un tiempo retomé y que me sirve de sustento económico.

¿Cómo ha sido la experiencia de hacer talleres en Santiago?Ha sido algo maravilloso. Realmente muy bonito. El cariño de la gente que ha venido ha sido increíble. Me llevo todo eso y el orgullo de haberles traspasado lo que yo sé hacer. Espero que esta experiencia pueda repetirse en algún momento, me siento muy afortunado.

Maestra artesana en cerámica de Puerto Ibáñez Gladys Alarcón: “La pintura rupestre es lo que le da más identidad a nuestro trabajo”

La artesana de la localidad de Puerto Ibáñez, XI Región de Aysén, estuvo por más de una semana realizando un taller en el espacio educativo del Centro Cultural Palacio La Moneda, enseñando su artesanía del extremo sur de Chile y el mundo, que consiste en la creación y confección de artesanía en greda forrada en cuero de chivo, decorada con pinturas rupestres.

¿Qué es lo que más destaca de su oficio?

Lo más importante para nosotros y que le da identidad a nuestro trabajo es la pintura rupestre. Éstas fueron encontradas en los paredones de toda la Patagonia chilena-argentina, pero principalmente lo que es la guanaca con cría, pintura a la que le damos mayor valor, ya que se encontró solamente en Villa Cerro Castillo, por lo tanto, eso le da una identidad propia a nuestro pueblo como artesanos y además, pasó a ser Patrimonio Cultural en nuestra comuna.

¿Dónde lo aprendió y cómo fue la experiencia?
Yo comencé muy jovencita, más o menos a los 17 años, cuando empecé a trabajar la greda en los talleres que se dieron en la municipalidad. En ese tiempo vine a una exposición que se hizo en Valparaíso y Viña del Mar, el año 89. Comencé mirando y aprendiendo en los tiempos libres, y luego me di cuenta que esto era una entrada económica. Que podía ayudar en la casa, y además me gustó mucho. Lo primero que hago al levantarme es pensar qué es lo que tengo que hacer hoy en cerámica. Para mí no es un oficio, es algo que hago con mucho agrado y que va más allá de eso.


¿Dónde comercializa sus productos?
Gracias a Dios hemos tenido muchas ferias donde vender. A través del Fosis, se realiza mucha feria comunal. Tenemos una feria que se hace en la misma localidad, que se llama Feria Comunal de la Cuenca del Lago General Carrera, donde formo parte de la agrupación que se llama Los Tehuelches, donde tenemos una muy buena directiva. Gracias a esto hemos podido estar tres años consecutivos en la feria “Territorio Tehuelche” y en ésta reunimos a gente de las seis localidades de la cuenca del lago General Carrera. Así hemos logrado que la gente conozca Puerto Ibáñez, conozca nuestra artesanía y nuestro pueblo, que es muy bonito.


Otra forma de comercializar mis productos es a través de las ferias regionales. Este año hemos tenido una feria por mes y el resto lo voy vendiendo a gente que se pasa el dato.


¿Qué significó para usted haber aprendido este oficio?
Como dueña de casa, no tener una profesión u oficio que genere dinero, para mí ha sido importantísimo, porque es un apoyo económico que le doy a mi familia y además me permite estar con mi familia, porque yo trabajo en mi casa. Esto es muy importante para mí.


¿Desde cuándo forma parte de la Fundación?
Hace más o menos 4 años. La Fundación fue a nuestra localidad, nos reunieron como artesanos en una reunión y asistimos varios. Y ahí nos seleccionaron.


¿De qué forma la ha beneficiado pertenecer a la Fundación?
Artesanías de Chile hoy para mí es muy relevante. Estoy muy agradecida. Sobre todo con esta experiencia de venir a Santiago y dar a conocer mi artesanía y comunicarme con la gente directamente ha sido muy significativo. Mi artesanía ha sido muy bien acogida en la gente y estoy muy agradecida, muy contenta de ser parte de este proyecto de la Fundación.


Estar en Santiago enseñando a niños y adultos ha sido una experiencia nueva para mí y me voy a ir muy contenta de haber podido dar a conocer nuestra cultura. Porque cuando se habla de greda, la gente piensa que se hace sólo en el norte. Aunque en estos días ha llegado gente que tiene noción de nuestra artesanía y eso ha sido muy bonito, porque además he tenido la oportunidad de compartir con gente del extranjero, como de Brasil, Estados Unidos. Y se han ido muy contentos de haber conocido la artesanía de nuestro país.


¿Cuál es el proceso?
Es bien largo. Son dos procesos distintos: uno es el de la greda y otro el del cuero. Yo puedo trabajar varios moldes en el día, pero no así terminar el producto en el día. Puedo sacar 30, 40 o 60 piezas en un día, dependiendo de los moldes que yo tenga. Tengo que esperar que lleguen a un punto determinado en el horno, donde yo pueda ponerles bisutería. Luego, todo eso se va a una bolsa de plástico por 10 días, en el caso de que fueran 60 piezas, por ejemplo, que es lo máximo que yo puedo tener en mi horno. Entonces, desde que empiezo, hasta que termino, pueden pasar entre 10 y 15 días hasta tener la pieza de greda terminada.


El proceso de quemado se hace con estos hornos eléctricos. Es confeccionado con arena volcánica y tratamos de ocupar todo lo que nosotros tenemos en nuestro alrededor, por lo tanto, impermeabilizamos el producto con arena volcánica, que es un aislante muy bueno y natural. Ahí comenzamos con el proceso del cuero, que es de 10 días más o menos.Por eso, siempre les decimos a nuestros clientes que si nos van a hacer un pedido tiene que ser 20 días antes por lo menos.


Dependemos mucho del tiempo también, porque si está muy húmedo y la temperatura está muy baja se demora más en secarse el producto. Tiene que estar en un ambiente seco y ojalá que no llegue sol ni viento.

Entrevista a María Balcázar, maestra textilera del Seno de Reloncaví “Enseñar lo que hago me llena el corazón”

La maestra artesana en textilería del Seno de Reloncaví, quien forma parte de la red de artesanos de Fundación Artesanías de Chile desde 2009, estuvo desde el 7 al 18 de junio dictando talleres de telar en el Centro Cultural Palacio La Moneda.

¿Cuándo aprendió este oficio?

Cuando tenía 12 años. Me enseñó mi mamá. En ese tiempo ella tejía y yo estaba siempre mirando lo que hacía. Así fui aprendiendo poco a poco y mejorando la técnica. Luego, cuando me casé, empecé a vender mis productos, lo que me ha ayudado hasta ahora a tener un ingreso para mi familia.

¿Cuál es el proceso para la elaboración de un telar?

Lo primero que debemos hacer es trasquilar la lana, luego lavarla. Luego se comienza con el proceso para hilar la lana. Después se puede teñir, y esto yo lo hago con hierbas naturales, como el matico; maqui; raíz de nalca, cáscara de cebolla; canelo o chilcón, dependiendo el color que se quiera lograr. Una vez que se seque se puede comenzar a armar el telar.

¿Qué significa para usted poder traspasar este oficio a las personas?

Para mí es muy importante, porque así traspaso mi conocimiento a los demás y no se pierde lo que uno aprendió desde niño y las tradiciones de donde yo nací. Es algo que no debe perderse, por eso yo les he enseñado a mis hijos y lo hago también a las personas que asisten a los talleres en la tienda de la Fundación en Puerto Varas.

¿Qué importancia tiene para usted haber aprendido este oficio?

Este oficio me ha entregado herramientas para poder generar un ingreso y ayudar a mi familia. La artesanía en telar es algo que me apasiona hacer, pese a que es un trabajo pesado muchas veces, pero me llena el corazón y me enriquece como persona.

¿Qué ha significado para usted pertenecer a la red de la Fundación?

El hecho de que mis artesanías lleguen a distintas partes y a diferentes personas, que haya llegado a todo chile es muy gratificante y lo he podido lograr gracias a la Fundación. También he tenido la oportunidad de participar en talleres de capacitación en distintas localidades y escuelas rurales de Puerto Varas para el proyecto que hizo la Fundación con el Fondo Nacional de Desarrollo Regional. Este fue un trabajo muy lindo con niños y mujeres de la zona.

¿Cómo ha sido la experiencia durante estos días en CCPLM?

Ha sido bastante buena. Hemos recibido a niños de distintas escuelas, grandes y chicos, y han aprendido un montón. Los fines de semana también hemos recibido a harta gente, logrando grupos de más de 20 personas y todos se van contentos con sus telares. Y para mí eso es lo enriquecedor, que se vayan felices de haber aprendido una nueva técnica. Hasta ahora me he llevado muy buenas impresiones, porque los niños lo han pasado bien trabajando con lana. Incluso los niños grandes, les ha llamado bastante la atención, lo mismo con los adultos, que se han mostrado interesados incluso en hacer cursos más completos de telar.

¿Qué recuerdos o experiencias se lleva con usted en esta visita por Santiago?

El cariño de la gente. Todos han sido muy amables, desde la gente que ha venido a los talleres, hasta las mismas personas que trabajan en la Fundación. Además, los niños y adultos que vinieron se mostraron muy interesados en aprender la técnica de este oficio. Fue una gran experiencia, me voy muy contenta.

Sandra Arriaza, maestra artesana de cestería en hoja de choclo “La artesanía es un oficio que da pertenencia y debiera enseñarse en los colegios”

Sandra Arriaza, maestra artesana de cestería en hoja de choclo de Pichidegua, VI región, y parte de la red de artesanos de la Fundación, fue una de las invitadas para enseñar este oficio en el espacio educativo del Centro Cultural Palacio La Moneda desde el 29 de mayo hasta el 6 de junio, como parte de los talleres gratuitos que se imparten de lunes a domingo a niños y adultos.

En esta entrevista, habla de la importancia de la artesanía, su traspaso de generación en generación y su enseñanza en los colegios, como parte de un sentido de pertenencia en los más pequeños.

¿Cuándo aprendiste este oficio?

Lo aprendí a fines de 2009 en Pichidegua, gracias a una señora que me enseñó primero la técnica de trenzado con hoja de choclo. Luego, decidí hacer un taller de hoja de choclo que realizó Servicio País en la Municipalidad, y ahí mejoré la técnica y aprendí a hacer angelitos. Después se me ocurrió empezar a hacer flores con este mismo material. De un taller de 20 mujeres, sólo terminamos 3.

¿Qué significa para ti traspasar tu oficio?

A mí me encanta enseñar lo que hago y sobre todo a los niños, porque yo también aprendo de ellos. Yo ahora traje un modelo y ellos deben seguirlo, pero muchas veces le ponen otras cosas y eso es parte de su creatividad. De algo tan simple, ellos tienen la posibilidad de ir jugando. Mis hijos también están aprendiendo y es importante que valoren lo que uno hace. Y que si ellos aprenden, que lo hagan bien, para que tengan una herramienta de trabajo.

¿Cuál es la importancia para ti de pertenecer a la red de artesanos de la Fundación?

Yo estoy muy agradecida de la Fundación. Estoy feliz, porque gracias a esta iniciativa yo puedo ganar ingresos y al mismo tiempo me permite quedarme en la casa y poder cuidar a mis hijos, poder llevarlos al jardín y estar con ellos. Para mí esto ha sido una gran ayuda. Además, mis productos se han ido muy lejos gracias a la Fundación y esto ha permitido que conozcan lo que uno hace en Pichidegua.

¿Qué significa la artesanía para ti?

Para mí es súper importante. A mí me enseñaron un oficio y yo le saqué provecho, porque muchas de las mujeres que estuvieron conmigo aprendiendo en el taller no siguieron, sólo terminamos tres. Si bien hacer una artesanía te toma bastante tiempo, lo hago porque es como revivir lo que hacía la señora que me enseñó y poder traspasarlo a otras generaciones.Yo creo que sería importante que se impartieran talleres de artesanías en los colegios, para que los niños aprendan el oficio desde chiquititos de sus localidades, porque además se transmite un sentimiento de pertenencia. Pero hoy falta eso, que les enseñen a los niños y que sea parte de su educación.

¿Cuál es el proceso de la hoja de choclo?

Lo primero es esperar a que las hojas se sequen en la mata, hasta que queden de un tono café. Luego se quiebra el maíz, es decir, se desecha el maíz seco y se van dejando las hojas de choclo. Antes me regalaban las hojas, ahora yo las tengo que comprar. Compro el saco y luego tengo que ver si las hojas me sirven. Una por una tengo que revisar en qué condiciones están las hojas, porque si están muy manchadas, por ejemplo, ya no te sirven. Luego, las hojas buenas las voy guardando en un saco y las dejo por unos días en un lugar seco hasta que están listas para usarlas. Algunas veces las tiño, pero eso depende del trabajo que quiera lograr. Pero me encanta trabajar con este material, me gusta el olor y la textura de las hojas.

María Virginia Gómez, Orfebre tradicional Aymara “Es un trabajo que nace de uno, nace del alma”

Estuvo 10 dí­as en Santiago enseñando los secretos de la maravillosa orfebrería aymara, delicado arte rescatado por jóvenes mujeres originarias de este pueblo que hoy potencian las raíces de sus ancestros a través de este quehacer.

¿Qué significado tiene para usted la artesanía?

Para mí significa mucho porque aparte de la artesanía en orfebrería Aymara, los otros artesanos demuestran un gran valor y capacidad. Se ve en sus trabajos; es un trabajo realizado por las manos, hecho a mano, entonces eso para nosotros tiene más significado, más valor; es un trabajo que nace de uno, nace del alma; el terminar cada pieza, ponerle un detalle para que el público se lleve una buena pieza. En mi caso, una pieza bien terminada y lo que representa, es muy importante.

¿Cómo aprendió su oficio?

Yo aprendí dentro de la comunidad a la cual pertenezco. Ahí se hizo un proyecto ejecutado por la comunidad, el programa Orígenes. Ahí se creó este taller de orfebrería y nos trajeron un profesor de Santiago, un orfebre de Santiago, el Sr. Juan Lobos y él nos capacitó por 10 días.Después en otra temporada por 10 más, él nos enseñó todo lo que es el uso de las herramientas, para qué sirven las herramientas, el proceso de fundición, del laminado, para qué servían las piezas, cuál era para calar, todo eso. Una a una, nos fue entregando toda esa información.

¿Usted considera que es importante seguir haciendo traspaso de los oficios artesanales?

Sí, creo que sí. En estos momentos la orfebrería aymara ya no se está haciendo, entonces creo que es muy importante, porque por ejemplo, en nuestro pueblo, en las ceremonias, las joyas ya están siendo reemplazadas por otras piezas; por ejemplo el Kero, que es un vasito ceremonial, está siendo reemplazado hoy en día por vasitos de plástico o de vidrio.Entonces cual es la importancia, es que otra vez se retomen estas piezas patrimoniales.

Y es esta experiencia de dictar talleres en el Centro Cultural Palacio La Moneda, quién ha estado más interesado en aprender, ¿los niños o los adultos?

Creo que los adultos, pero los niños también, ya que se sentían muy realizados cuando terminaban una pieza, y los adultos a la vez se daban cuenta de lo que cuesta elaborar una pieza, ellos valoraron demasiado.

¿Qué importancia ha tenido para usted y su familia pertenecer a una institución como Artesanías de Chile, que fortalece el quehacer artesano?

Mucho. Tanto para mi familia como para la comunidad, ha significado mucho porque a través de la fundación, aparte de hacerles un taller de orfebrería, estamos difundiendo parte de nuestra cultura que la gente no conoce. Entonces cuando yo les daba clases, les decía de qué se trataba, qué es la orfebrería aymara; les explicaba que es un trabajo antiguo de nuestros ancestros, y ellos quedan maravillados y lo tomaban bien, y eso para nosotros es como que estamos dando un paso y ya estamos empezando a difundir parte de nuestra cultura, y con orgullo.

Y a partir de estos talleres, ¿cómo ve usted el futuro del quehacer artesanal?

En general, encuentro que está bien ya que todos los artesanos que vinieron en este periodo, creo yo, que es la misma experiencia que yo tengo, ha sido bueno. Porque se da a conocer nuestros quehaceres, y eso es importante. Yo creo que hay mucha gente, los adultos sobre todo y algunos niños, que sí me preguntaron mucho por nuestra cultura; por las herramientas que ocupábamos, etc., vi mucho interés por aprender este oficio.Para mi es importante porque yo también aprendí, porque de repente habían cosas que no sabía y que aquí pude aprender.Es mi primera vez haciendo talleres y me gustaría volver a venir yo o mis compañeras, ya que la idea es que nos vayamos rotando cada vez que se pueda, para que todas tengamos la oportunidad de venir a difundir, porque esa es la idea de nuestro taller, hacer un traspaso de información y de práctica. Fue una bonita experiencia.

Clotilde Challapa, Textilera tradicional Aymara: Tejer es la tradicion de mi pueblo

Sus raíces son cien por ciento aymara. Sus padres y abuelos no reconocen mezclas, y ella siguirá la tradición. El tejido -en todas sus etapas- es su único y más grande saber, y durante 10 días compartió generosamente sus técnicas ancestrales con grandes y chicos en el espacio educativo de Artesanías de Chile en el Centro Cultural Palacio La Moneda, dejando en todos una huella cargada de sabidurí­a y patrimonio.

¿Qué significado tiene para usted para la artesani­a que realiza?
Bueno, mi oficio para mi tiene mucho significado, tanto sentimental como cultural y económico también. Yo aprendí­ este oficio a los 5 años. Desde esa edad yo sé tejer, hilar y todo lo que se debe hacer para realizar este oficio. Mi mamá me enseñé; primero aprendieron mis hermanas, y al final yo. Y yo hice lo mismo con mis hijos, todos saben tejer, porque este es un oficio de familia, de mi cultura que se traspasa a todas las generaciones.
¿El traspaso del oficio es importante para usted?
Es muy necesario para no perder el sentido de nuestra cultura. Además que esto nos permite vivir y no perder la naturaleza que nosotros tenemos como aymaras. Nosotros vivimos de esto, es nuestra fuente de trabajo. Nosotros tenemos llamas, alpacas, ovejas y las cuidamos y alimentamos de pequeñtas; nosotros trasquilamos, hilamos, tejemos y teñimos, entonces también es nuestra herramienta de trabajo.
¿Cómo ha sido la experiencia de dictar talleres acá en Santiago?
La verdad es que muy bonito. Ha sido una experiencia única y no me la imaginó así­. Yo nunca pensé que era si­. Yo tení­a miedo porque yo nunca habí­a estado en Santiago, y tan lejos de mi casa, entonces yo tenía miedo porque no sabí­a dónde era, cómo era la gente, pensé que iba a estar sola, y me daba miedo perderme en esta ciudad, pensaba por dónde voy a caminar, pensaba que me perderí­a. Además, yo nunca me habí­a subido a un avión, entonces todo esto ha sido nuevo para mí, y debo decir que yo vine con miedo, pero me voy feliz. La verdad  es que todo ha sido muy bonito. Aunque yo sea aymara, y no pueda expresarme tan bien como ustedes en su idioma, pero estoy muy feliz de haber venido.
¿Qué importancia tiene para usted este tipo de instancias culturales?
Yo soy original aymara, mis padres eran aymaras y mis abuelos también. En mi familia no estamos mezclados, entonces para mí­ es muy importante poder enseñarles a los demás mi cultura; me sentí­ muy bien de poder enseñarles a los niños sobre mi cultura; ellos ponían mucha atención a todo lo que yo les decía y les enseñaba; le poní­an empeño a las cosas, a las correcciones que yo les iba haciendo, me llamaban maestra, cómo debo hacer esto,  maestra, cómo se dobla acá, y también preguntaban otras cosas más relacionadas a mi cultura, al lugar donde yo vivo, a mi familia, a mis orí­genes, y me sentí­ orgullosa de poder ser yo la que les contaba sobre mi pueblo. 

¿Imaginé que en Santiago existirí­a interés en saber detalles de su oficio y de su cultura?
Sí­, me imaginó que sí­. Los niños siempre son curiosos, siempre desean aprender cosas y son empeñosos, entonces cuando supe que le enseñaría a niños, pensé que iban a estar interesados en aprender algo nuevo y diferente, pero nunca pensé que los adultos querrí­an saber. Los adultos, son más cerrados a las enseñanzas nuevas y pensé que ellos no iban a demostrara interés y me equivoqué, porque vino harto adulto e hicieron harto empeño en lograr torcer y tejer la pieza que yo enseñé; se mostraron interesados en aprender sobre mi cultura, me preguntaban hasta cuando estaré yo por acá, cuándo iba a volver, y una serie de cosas que yo no sabía qué responder, pero demostraba que ellos quedaron contentos con mi presencia. 
¿Quedó conforme con todo lo que vivió, Señora Clotilde? 
Yo me voy feliz, feliz por cómo me trataron, feliz porque los niños y la gente adulta se mostraron siempre felices de mis enseñanzas y también muy interesados en aprender de mi cultura, y creo que este tipo de cosas se deberían a hacer en todos los niveles, y no sólo en Santiago, sino que en todo Chile y con todas las culturas y con todos los artesanos que realizan oficios, porque es una buena manera de aprender sobre la cultura de los pueblos del paí­s. Es base para los niños y para los adultos también, porque muchos sabemos cómo se hacen las cosas hoy dí­a, pero nadie sabe cómo se han hecho las cosas en el pasado, cuando no habí­a nada más que tejer en mi cultura por ejemplo, y yo creo que esto pasa con otras culturas como los mapuche, los atacameños y con todos los pueblos que tienen una tradición. 
¿Cómo se siente siendo parte tan activa de Fundación Artesaní­as de Chile?
Yo me siento muy orgullosa y muy contenta, porque la fundación está ayudando a los artesanos; está enseñando a la gente, está buscando oportunidades para que nosotros podamos trabajar mejor, y porque esto es lo único que nosotros tenemos. Yo por ejemplo, no sé leer; mi mamá me enseñó a tejer no a leer ni a escribir, entonces este es mi trabajo, es mi fuente de ingreso; es lo único que yo sé y que además es tradición de mi pueblo, de mi gente, por eso para mí es muy importante enseñar mis tradiciones al que quiere aprender. Además, yo soy el hombre de mi casa. Mi marido no puede trabajar porque tiene una gran enfermedad, y tengo un hijo en el colegio, entonces yo soy el sustento de mi familia, y gracias a esto, a mis tejidos, a mi trabajo yo puedo sacar a mi familia adelante, y me siento orgullosa de eso.

Juan Cruz, maestro artesano de Tallado en Madera de San Pedro de Atacama

Aprendió el oficio de manos de sus abuelos, quienes le trasmitieron todos los saberes ancestrales de su cultura atacameña. Hoy, con sólo 34 años, Juan busca espacios de difusión para hacer traspaso de sus técnicas de tallado. Estuvo dictando talleres de difusión en el Centro Cultural Palacio La Moneda, y la experiencia le entregó más de una sorpresa. 
¿Qué significado tiene para usted la artesaní­a?

Para mí­ la artesaní­a marca un rasgo de identidad en mi trabajo, ya que en ella busco rescatar oficios que se han ido perdiendo con el paso del tiempo, lo que me ha permitido crecer culturalmente, porque creo que cada objeto construido cumple más de un propósito utilitario o decorativo; en cada una de estas piezas se marca un estilo propio del lugar y cultura de las que provienen.

¿Qué importancia tiene para usted ser artesano y pertenecer a la cultura Atacameña?

La artesanía es una herencia familiar. Es el conocimiento adquirido por experiencia de mis antepasados, y lo cual conservo con gran orgullo porque me ha permitido crecer aplicado en el respeto por nuestras tradiciones y con la responsabilidad que nuestra cultura subsista en el tiempo, porque para mí­ ser atacameño va mas allá de vivir en un lugar o vestir de acuerdo a un estereotipo, muchas veces equivocado que se tiene de nuestra cultura, para mí­ no es más que una forma diferente de ver la vida.

¿Cuál es su relación con el oficio y cuál es la importancia de hacer traspaso de sus saberes?

Mi relación con el tallado en madera y la artesaní­­a en general parte desde muy niño. Desde que recuerdo, siempre estuve rodeado de herramientas, maderas y lanas, ya que todos debí­amos aprender de todo. Esto era una tradición heredada de mis abuelos, quienes eran pastores de montaña, alejados de las grandes ciudades, y que debí­an subsistir con lo que generaban ellos mismos. En la actualidad, traspasar estos saberes se dificulta cada vez más por el desinterés, principalmente de los niños y adolescentes por aprender estos oficios, quizás por ciertos prejuicios respecto al artesano y por la oferta laborar que existe en la Región como las grandes empresas mineras, pero también existimos algunos jóvenes y adultos a quienes nos interesa que las tradiciones de nuestros pueblos perduren todo lo posible, y por eso hemos trabajado en la recuperación y traspaso de nuestro conocimiento.

¿Qué importancia ha tenido para usted formar parte de Artesanías de Chile?

Artesaní­as de Chile me ha permitido exponer mi trabajo y me ha abierto una puerta a la posibilidad de exponer y vender mis productos, lo que ha generado grandes expectativas para mejorar y hacer de este oficio un soporte rentable en lo económico. En lo personal, me llena de orgullo saber que mi trabajo es reconocido como un trabajo destacable junto al de  grandes artesanos de Chile. 

¿Qué ha significado para usted la experiencia de dictar talleres en el Centro Cultural Palacio La Moneda?

Al comienzo no tení­a muy claro si la gente se interesarí­a por estos talleres. Por lo general,  esperaba más interés por parte de personas adultas, como es el caso de donde provengo, pero fueron los niños quienes mostraron gran entusiasmo por utilizar las herramientas, lo cual me hizo sentir muy conforme, porque no sólo pude mostrar mi trabajo sino que también pude enseñarles a ellos la dificultad de este oficio. Además, todos aquellos que asistieron al taller, conocieron mi cultura, la que muchas veces es desconocida para muchos que creen que sólo la cultura Aymara existe en el Norte de Chile. 

A través de esta experiencia que ha podido realizar ¿cómo ve el futuro respecto a la artesaní­a y al traspaso de su oficio a los más pequeños?

De acuerdo a esta experiencia, creo que es posible traspasar el conocimiento a los niños. Vi interés en varios de ellos por saber más de estos oficios, por lo cual es importante que los padres ayuden para que estas ganas por aprender, se concreten; creo que es el impulso más importante para empezar, después sólo el convencimiento de querer hacer cada dí­a mejor tu trabajo, te entrega el reconocimiento.

Entrevista a Eliseo Merino, Maestro Artesano en Cobre y orfebreria

Con sólo 35 años, Eliseo se ha transformado en un referente no sólo por la excelencia de su quehacer sino porque la pasión que siente por la artesaní­a está impresa en cada pieza que elabora, en cada acción que lo mueve y en cada esfuerzo que hace por consolidarse como un orfebre y un cultor que rescata la identidad de su pueblo a través de sus manos.

Por Susana Rojas S.

¿Qué significado tiene para ti la artesaní­a?Para mí, realizar artesanía es trasmitir la cultura de un pueblo y la esencia de uno mismo. Eso significa. La artesaní­a nos identifica, nos permite diferenciarnos de los demás pueblos, de los otros países. La artesaní­a es el sello original que tiene cada cultura, y un pueblo sin identidad se muere.
Y en el caso de tu oficio, ¿qué significado tiene ser orfebre?Para mí­ la orfebrerí­a representa mi pasión; es mi historia de vida. Es lo que me tocó vivir como persona porque tal vez, si no hubiese sido este oficio, hubiese sido otro, quizás alfarero, pero la orfebrerí­a es mi historia, es la forma en que me gano la vida pero también es lo que amo. Tengo la suerte de poder vivir de lo que amo, y no mucha gente tiene ese privilegio.

Y en ese sentido, ¿tú siempre supiste que eras un orfebre?La verdad es que sí­. Tengo la certeza de que esto era lo mí­o desde los 14 años, y aunque yo estudié otra profesión técnica antes, siempre supe que algún día tenía que dedicarme sólo a hacer joyas. O sea, yo recuerdo que cuando yo era chico e iba a cualquier feria artesanal, no podí­a creer que esas cosas fueran hechas por una persona, por un artesano. Pensaba en qué estaba transmitiendo la pieza, en qué habrá pensado el artesano, y esa inquietud fue la que me hizo dedicarme definitivamente a esto. 

¿Qué pasa contigo cuando ves tus creaciones usadas en las personas?Por una parte me siento totalmente pagado. Cuando a alguien le gustan mis joyas y las lucen, siento que estoy haciendo las cosas bien y que además estoy dejando un poco de mí­ en esa joya. En cada pieza que hago siento que trasmito mi sentir. Un poco de mi esencia se queda en cada joya.
¿Qué importancia ha tenido para ti formar parte de Artesaní­as de Chile?Para mí­ ha sido muy importante porque me ha hecho crecer como artesano, como orfebre, y además me ha abierto muchas puertas. Me ha permitido proyectarme y creer que soy capaz de hacer muchas cosas, cosas que antes creía imposibles o inalcanzables. La Fundación me ha brindado un apoyo que nunca pensé; me han dirigido, me han enseñado, me han ayudado  a crecer humana y profesionalmente; me han ayudado a perfeccionarme en mi quehacer. Creo que organismos como éstos deberí­an haber mucho, porque los artesanos necesitamos un lugar donde nos apoyen, nos escuchen, donde crean en nosotros.  

Participaste en un modelo piloto que te ayudó a crear la imagen corporativa de tu trabajo. Esas herramientas gráficas te definen y diferencian de otros orfebres, ¿cómo te ha ayudado esto? Bueno mucho. Esto nació como un proyecto que hoy ya es realidad porque cuento con mi logo, con tarjetas y otras cosas que me han servido mucho para irme haciendo un nombre en esto de la artesanía. Para mí­ es importante que la gente que compra mis joyas sepa que soy yo quién las hace, quién las crea, porque detrás de cada joya que hago, hay una parte de mí­, una visión, una inspiración. Un poco de mí se va en cada diseño y por eso tener mi nombre en mis piezas era tan importante.

Fuiste uno de los 5 artesanos en cobre que viajaron a México en el marco de desarrollo del proyecto de intercambio entre Artesaní­as de Chile y Fonart, ¿qué significó para ti esta experiencia?Muchas cosas porque no sólo crecí­ como artesano sino también como ser humano. Ese viaje me abrió el mundo, me permitió ver cómo se hacen las cosas en otras partes y el amor que la gente tiene por su oficio. Conocer a la gente de Santa Clara me hizo entender que yo no estaba tan mal encaminado y me dieron más ganas de seguir trabajando duro para algún dí­a hacerme un nombre y ser reconocido por mis trabajos. Fue un viaje muy importante para mí.

¿Tan importante que volverás ahora en julio?Es que sentí que yo tení­a mucho más que aprender de ese lugar que está totalmente dedicado al trabajo en cobre, sobre todo aún no trabajo. En esa localidad hay un tema muy fuerte con el traspaso del oficio; los niños desde muy chicos son enseñados en el arte del forjado y otras técnicas, y por eso con los años, son artesanos destacados porque el incentivo que tienen es desde niños. En Chile estamos a años luz, pero siento que no estamos tan perdidos. De hecho me voy gracias al aporte de la Municipalidad de San Francisco de Mostazal quienes pagan mi viaje totalmente con el compromiso de que a mi regreso, enseñe lo aprendido en mi comunidad, cosa que para mí­ es muy importante porque en los niños está el futuro para que este tipo de trabajo no desaparezca.